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Capítulo 51 - El Señor de las Bestias

  Kael estaba listo, completamente preparado para apoyar a Enta en la batalla. Tenía el cuerpo en tensión, los músculos firmes y la respiración controlada, aunque por dentro la adrenalina le recorría cada fibra. Estaba a punto de dar un paso al frente cuando el guardián se acercó a él con paso firme y le habló con voz grave.

  —Ve dentro del orfanato a evacuar a los ni?os y a los heridos... —ordenó Enta, sin apartar la vista del mago.

  Kael frunció el ce?o de inmediato, indignado.

  —?No mames! ?Necesitas ayuda para pelear con ese mago! —replicó, alzando la voz.

  Enta colocó su mano sobre el hombro del ni?o. El contacto fue firme, pesado. Cuando Kael alzó la mirada, se encontró con un rostro completamente distinto al que conocía. No era el guardián comprensivo, ni el protector paciente. Era el rostro de una fiera. Sus ojos brillaban con una intensidad salvaje, peligrosa.

  —Escúchame, Kael —dijo Enta, con voz baja pero cargada de amenaza—. Ya has cometido demasiadas faltas... No permitiré que te pongas más en peligro. Entra a la casa o te daré tal golpe que te lanzaré dentro inconsciente.

  // -- no hay derecho a replica desgraciado... obedece o te ira peor... -- //

  Por primera vez, Kael sintió el aura feroz de Enta en toda su magnitud. No era solo poder. Era instinto. Era territorio. Era un animal dispuesto a despedazar a cualquiera que amenazara a los suyos. El guardián que más lo comprendía y cuidaba ahora se comportaba como una verdadera bestia salvaje protegiendo a sus crías.

  Kael tragó saliva y asintió, comprendiendo que no había espacio para discutir. Dio media vuelta y entró rápidamente al orfanato en busca de Abel.

  Fue en el momento justo.

  El mago, que ya se había incorporado con dificultad, terminó de ponerse en pie. Su expresión se deformó en furia.

  —Así que tú eres Enta, el se?or de las bestias... —escupió el mago, limpiándose la sangre del labio—. Eso quiere decir que ese enano prodigio debe ser el heredero de los Sungley... Así que se llama Kael...

  La presión en el aire cambió.

  Enta entró en absoluta cólera.

  La magia de viento comenzó a arremolinarse a su alrededor, levantando polvo, hojas y peque?os fragmentos de escombros. En un solo parpadeo desapareció del lugar donde estaba.

  Apareció detrás del mago.

  El impacto fue brutal. Un golpe seco con el codo directo a la nuca. El sonido fue como el crujido de madera partida. El mago salió disparado contra los muros del distrito, provocando un estallido de piedra y una lluvia de escombros que cubrió la calle.

  —No te atrevas a mencionar el nombre del joven amo con tu sucia y asquerosa boca... miserable aberración de la naturaleza... —gru?ó Enta, con los colmillos apretados.

  El mago se levantó con dificultad. Su cuerpo temblaba, pero no por el golpe, sino por la furia que hervía dentro de él.

  —?Aberración de la naturaleza...? —repitió, con una risa amarga—. Créeme, no has sido el único que me lo ha dicho... Desde ni?o, en cuanto descubrí mi magia, todo el mundo me lo dijo... Incluso las personas que más amaba... Mis padres.

  Enta lo miró sin una pizca de compasión.

  —No me interesa saber la maldita historia de tu vida.

  El mago sonrió, pero sus ojos estaban completamente vacíos.

  —Por supuesto que no... Desde que nace nuestra magia oscura, para el mundo no somos más que basura que hay que erradicar... Qué dicha para mí que podré masacrar a uno de los guardianes más fuertes de Taratios.

  De repente, el suelo se quebró.

  Una cantidad descomunal de tentáculos negros emergió desde la tierra, serpenteando con un sonido húmedo y viscoso. Se extendían como sombras vivientes, buscando envolver y perforar.

  Enta los esquivó con agilidad casi sobrenatural. Sus movimientos eran precisos, felinos. El viento lo impulsaba, giraba sobre sí mismo, avanzaba.

  Cuando intentó usar nuevamente su máxima velocidad para aparecer detrás del mago, este ya lo esperaba.

  Tentáculos brotaron de su propia espalda como espinas negras.

  Enta no alcanzó a reaccionar.

  Fue atrapado.

  Los tentáculos se enrollaron en su torso y extremidades, creciendo con rapidez, apretándolo hasta alzarlo en el aire. Luego lo azotaron contra el suelo una y otra vez, como si fuera una mu?eca sin peso. El impacto retumbaba en las calles vacías.

  Enta apretó los dientes.

  Concentró aún más magia en su cuerpo. El viento comenzó a comprimirse alrededor de él, formando una capa invisible que fortalecía sus músculos. Su figura se ensanchó ligeramente, la musculatura se marcó con mayor brutalidad.

  Con un rugido contenido, liberó la energía acumulada.

  Los tentáculos estallaron en pedazos de magia negra.

  Cayó de pie.

  Esta vez no insistiría en combate físico directo.

  Enta desenvainó su estoque con un sonido metálico limpio y se colocó en posición de combate. Su postura cambió. Ya no era solo fuerza bruta: era técnica, precisión letal.

  —No creas que te dejaré atacarme de la misma manera dos veces —escupió el mago.

  Enta ladeó levemente el rostro.

  —Es de esperarse... No te preocupes. Los ataques que vendrán no se repetirán dos veces... porque con uno bastará para matarte, gusano.

  Apuntó con su estoque.

  Lanzó una estocada al aire.

  El mago se movió instintivamente, comprendiendo el peligro.

  El ataque de Enta no era una simple punta. Concentró su magia de viento en la hoja del estoque y, al ejecutar la estocada, el viento comprimido salió disparado desde la punta a velocidad supersónica, del tama?o exacto del filo.

  El proyectil invisible atravesó el hombro del mago.

  La perforación fue limpia, brutal.

  El mago apenas sintió el impacto antes de comprender que más proyectiles venían hacia él. Tentáculos se cruzaron frente a su cuerpo como escudos.

  El guardián ya estaba en modo serio.

  —Pues es hora de liberar más poder —gru?ó el mago.

  La magia oscura dejó de manifestarse solo como tentáculos. Cúmulos densos comenzaron a tomar forma. Figuras casi humanas, deformes, hechas de oscuridad compacta, emergieron del suelo y del aire mismo.

  Se movían por sí solas.

  Atacaron en perfecta coordinación, rodeando a Enta, buscando desgastarlo.

  Enta entendió el plan al instante. El mago quería cansarlo. Agotarlo. Forzarlo a cometer un error.

  Aumentó su velocidad aún más. Golpear a esas criaturas no serviría de nada; eran magia pura. Saltó alto, buscando un ángulo limpio para ejecutar otro ataque.

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  El mago sonrió.

  Eso era exactamente lo que esperaba.

  —?AJAJAJAJ! ?Caíste, maldito animal!

  Del suelo surgió una lluvia de tentáculos que se estiraron hacia el aire como lanzas negras.

  Enta no mostró pánico.

  Su expresión se volvió fría.

  Concentró una cantidad descomunal de magia de viento bajo sus pies. Parte de esa energía explotó hacia abajo, generando una base compacta de aire. Un piso invisible.

  Lo usó como impulso.

  Se lanzó directo hacia el mago.

  El mago apenas logró inclinar el cuerpo. El estoque falló el torso... pero alcanzó a perforarle el muslo.

  La sangre oscura cayó al suelo.

  El mago estaba perdiendo.

  Y lo sabía.

  .

  .

  .

  .

  Por otro lado, dentro del orfanato, el ambiente era completamente distinto, pero no menos tenso.

  Kael intentaba mover a Abel con cuidado. La mujer estaba inconsciente, su respiración débil pero estable. El interior del edificio olía a polvo, madera vieja y humo. Algunas ventanas estaban rotas; fragmentos de vidrio cubrían el suelo, y la estructura crujía con cada impacto lejano de la batalla exterior.

  —Vamos... vamos... —murmuró Kael entre dientes mientras intentaba acomodarla sobre su hombro.

  De pronto, el marco de una ventana estalló hacia dentro.

  Un joven bastante conocido aterrizó torpemente sobre el suelo de madera. Estaba herido, con el uniforme rasgado y el rostro cubierto de hollín, pero sus ojos seguían firmes.

  —Carnal, menos mal que viniste —dijo Kael al reconocerlo—. ?Dónde están todos los demás?

  El joven respiraba agitado, pero respondió con determinación.

  —Alcanzamos a refugiarnos en un lugar seguro. Todos están a salvo. Solo faltaban ustedes. ?Vine a ayudar!

  Kael apretó los dientes.

  —Hay muchísimo peligro... Un mago muy poderoso está afuera. Necesito que tomes a la se?ora Abel y se vayan. ?Y no vuelvan!

  El joven lo miró con incredulidad.

  —?Pero qué pasará contigo? ?Ven con nosotros!

  Kael negó con la cabeza, firme, aunque su corazón latía con fuerza.

  —Ya te lo dije en su momento... Nosotros estamos para proteger y servir al pueblo de Cautares. Ahora váyanse, por favor. Y si la vieja despierta, dile que todos están bien.

  El joven dudó un segundo. Sus manos temblaban, pero finalmente asintió. Se acercó, tomó a Abel con cuidado y, sin decir nada más, salió por la ventana rota.

  El silencio quedó suspendido.

  Kael cerró los ojos un instante.

  Kael pensamiento: Con esto la misión debería finalizarse... Ya rescatamos a todos los ni?os...

  // -- pues se acaban de ir y no pasa nadita... -- //

  Kael frunció el ce?o.

  Kael pensamiento: ?Eso quiere decir que hay más ni?os involucrados?... es cierto!!! El bosque!!!

  El aire dentro del orfanato se volvió pesado, como si algo invisible estuviera observándolo.

  // -- algo anda mal... esto está saliendo de las expectativas... -- //

  Kael sintió un escalofrío recorrerle la espalda.

  Kael pensamiento: Entonces esas emociones y sensaciones que sentí... no eran solo de los ni?os de aquí...

  // -- ?Qué sentiste exactamente? -- //

  Kael cerró los pu?os.

  Kael pensamiento: Sentí terror... desconcierto... abandono... Pero, por sobre todo, un sentimiento de estar en un lugar muy tétrico y lejano... Como si alguien estuviera completamente solo... perdido...

  // -- tétrico y lejano... ay la concha de la lora... sin duda es en el maldito bosque Indomable.... de nuevo... -- //

  El nombre del bosque pesó como una sentencia.

  Kael pensamiento: Pues es todo o nada... Ya nos arriesgamos demasiado. Tenemos que hacer algo...

  .

  .

  .

  .

  .

  Mientras tanto, afuera, la batalla continuaba con violencia creciente.

  Con gran esfuerzo, el mago logró concentrar un ataque de enorme envergadura. La energía oscura se acumuló frente a él como un sol negro en miniatura. Luego la lanzó.

  El impacto fue devastador.

  Un choque de energía oscura golpeó de lleno a Enta, que estaba rodeado por criaturas y tentáculos invocados. El suelo se fracturó, los muros vibraron, y una nube de polvo y fragmentos cubrió toda la zona.

  El mago, jadeando, levantó el rostro.

  —Por fin, mísera bestia... —escupió entre risas—. ?Ya muérete luego! Te daré un último ataque rápido para que te mueras.

  El polvo comenzó a disiparse.

  Una silueta permanecía de pie.

  Enta.

  Su cuerpo estaba cubierto de cortes y moretones. Su ropa, casi completamente destruida. La tela colgaba hecha jirones, revelando músculos tensos y marcados por la batalla.

  Pero seguía en pie.

  Y su mirada... ya no era la de un caballero.

  —No puede ser... —susurró el mago—. ?Cómo resististe ese ataque tan potente?

  Enta dejó caer el estoque. El arma chocó contra el suelo con un sonido seco.

  Su voz fue baja, pero firme.

  —Finalicemos esto... Ya no seré el caballero educado... Ahora seré el ser que tú dijiste... el se?or de las bestias.

  El viento comenzó a arremolinarse con violencia alrededor del lugar. La presión atmosférica cambió; incluso el mago dio un paso atrás.

  —Prepárate —continuó Enta—, porque liberaré al animal que llevo en mi interior.

  El aire se volvió extremadamente pesado.

  Una cantidad descomunal de magia de viento emergió del cuerpo de Enta, envolviéndolo en un torbellino que desgarraba el suelo y arrancaba piedras de las fachadas cercanas.

  Su musculatura se expandió.

  Sus hombros se ensancharon.

  Sus manos comenzaron a transformarse, adoptando garras curvas y letales. La estructura de su cuerpo tomó la silueta de un leopardo antropomorfo, ágil, poderoso, mortal.

  No era un caballero.

  Era un depredador.

  Una verdadera bestia salvaje que solo disponía de sus colmillos, garras y velocidad para asesinar.

  


  


  Desde una ventana, Kael tragó saliva.

  La visión de Enta en su forma más pura era impresionante y aterradora a la vez. Era un animal dispuesto a morir por defender su territorio.

  —Llegó la hora de morir, maldito gusano —gru?ó la bestia.

  Desapareció.

  En un instante volvió a aparecer detrás del mago.

  —?No me harás caer de nuevo en eso, maldito! —gritó el mago, invocando tentáculos desde su espalda.

  Pero esta vez Enta no retrocedió.

  Se abalanzó hacia él.

  Sus garras cortaron el aire y, junto con ellas, una onda de viento afilado partió en dos los tentáculos, como si fueran ramas secas.

  El corte alcanzó la espalda del mago.

  Las garras rasgaron su piel, dejando surcos profundos.

  El mago dio un salto desesperado hacia adelante e invocó una gran cantidad de criaturas y más tentáculos para intentar frenar al hombre bestia.

  Pero Enta ya no estaba donde él creía.

  El leopardo se movía a una velocidad que el ojo humano apenas podía seguir.

  Fue demasiado tarde.

  Con un solo mordisco, le arrancó un brazo completo.

  El grito fue desgarrador.

  —?AAAAAAAAAAGGGGGGRRR! ?MALDITOOOOOO!

  Enta, aún con el brazo en el hocico, lo escupió con desprecio.

  —Ya es demasiado tarde... Es hora de que mueras... y no seré yo quien lo haga.

  El mago, desorientado, levantó la mirada hacia el cielo.

  Un corte de agua descomunal descendía como una guillotina líquida.

  Al mismo tiempo, un sólido pu?o de roca mágica cayó.

  La explosión fue brutal.

  El suelo se hundió.

  El aire vibró.

  Al lado de Enta aparecieron Laret y Caria, envueltos en furia. Tras ellos, varios soldados armados, y Holley junto a Ken, igualmente tensos.

  Ken no perdió tiempo.

  —?Soldados! ?Vayan a rodear todo el distrito! ?No dejen que ningún sospechoso escape!

  —?Sí, se?or! —respondieron al unísono, dispersándose.

  Enta, aún en forma bestial, giró el rostro hacia los jóvenes lords.

  —Toda esta situación es mi culpa... —dijo con voz grave—. Asumo toda la responsabilidad de perder al joven amo.

  Laret dio un paso al frente.

  —?él está bien?

  —Está dentro del orfanato... esperando.

  Caria apretó los pu?os, la magia vibrando a su alrededor.

  —Pues pagará esta desobediencia después... —dijo con frialdad—. Ahora vamos a masacrar a este maldito y asqueroso mago de oscuridad.

  Desde la ventana, Kael observó las miradas de furia de sus padres.

  // -- nambre... viste cómo te miraron... te miraron como los papás de tu novia después de haberla embarazado, sin haber terminado la escuela... ya cagaste... -- //

  Kael no apartó la vista.

  Kael pensamiento: Aun así no tengo miedo de ellos... sino del maldito mago ese... No dejo de sentir inquietud... aún no tenemos el control...

  El polvo se movió.

  Lentamente, el mago se levantó entre los escombros.

  Estaba cubierto de sangre, un brazo menos, el cuerpo destrozado... pero seguía en pie.

  Y sonreía.

  El mago levantó el rostro lentamente. Su respiración era irregular, pesada, pero sus ojos ardían con una locura inquebrantable. La sangre oscura goteaba desde el mu?ón de su brazo arrancado, mezclándose con el polvo y los escombros a sus pies.

  Miró fijamente a los recién llegados.

  Sabía que no podía ganarles.

  Lo sabía con absoluta claridad.

  Pero no pensaba renunciar a su premio.

  —Malditos desgraciados... —escupió con una sonrisa torcida—. ?Creen que me pueden ganar...? ?YO TENGO EL CONTROL! ?YO VENCERé!

  Su voz resonó con eco distorsionado, como si algo más hablara a través de él.

  Y entonces ocurrió.

  Una explosión sacudió el interior del orfanato.

  La pared lateral estalló hacia afuera, lanzando fragmentos de madera y piedra por los aires. Un ser hecho de magia oscura, con la forma grotesca de una gárgola, emergió volando entre el humo.

  Sus alas eran membranas negras vibrantes, y en sus garras llevaba a Kael.

  Los dos héroes y los tres guardianes quedaron congelados un segundo, impactados por la velocidad del suceso.

  La criatura ya se elevaba hacia el cielo en dirección al bosque Indomable.

  Desde el aire, Kael gritó con toda la fuerza de sus pulmones:

  —?TRANQUILOS! ?YO ESTARé BIEN!

  El viento arrastró su voz por el distrito.

  Caria fue la primera en reaccionar.

  —?GUARDIANES! ?VAYAN TRAS KAEL! ?SU SEGURIDAD ES PRIORIDAD!

  No hubo discusión.

  Enta, aún en su forma bestial, giró el cuerpo al instante. Los otros guardianes activaron su magia sin titubear y se lanzaron en persecución, siguiendo el rastro de energía oscura que la gárgola dejaba tras de sí.

  El mago levantó la cabeza y gritó con desesperación:

  —?Adónde creen que van? ?Los mataré a todos! ?Aquí nadie tocará mi premio!

  Tentáculos y criaturas comenzaron a emerger nuevamente del suelo, formando un muro negro frente a los héroes.

  Pero un corte de agua, tan fino como una hoja y tan poderoso como una tormenta, descendió en línea recta y partió absolutamente todas las invocaciones.

  Fue Laret.

  Su rostro estaba endurecido por la furia.

  —Tú morirás en nuestras manos, maldito monstruo —dijo con voz fría.

  Caria avanzó un paso, la tierra temblando bajo sus pies.

  —No... —respondió ella con una sonrisa oscura—. él morirá en mis manos, siendo torturado y descuartizado. Cada maldito mago de oscuridad morirá en mis manos.

  Y así, los tres guardianes salieron en búsqueda de un nuevo secuestro de su joven amo, mientras dos padres en cólera desataban toda su furia contra el mago que había orquestado todo esto.

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