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Todo apesta

  El edificio no tenía puertas. Era solo un bloque de concreto abierto al mundo, un techo demasiado bajo para lo alto que parecía desde afuera. Maribel lo cruzó con una mueca apenas perceptible. El interior era una mezcla horrible de humedad, moho y olores humanos; un eco continuo de voces, pasos, animales de corral y utensilios golpeando. Todo vibraba. Todo rebotaba. El frío terminaba de envolverlo todo.

  Antes, los ruidos fuertes del examen de ingreso le molestaban. Ahora comprendía que, en este lugar, todos habían sido educados para soportar el ruido. Y los que no… sufrían en silencio.

  Su mirada cayó sobre Aether. Semi humano, lobo, refinamiento avanzado. Si para ella era molesto, para él debía ser un infierno.

  La comida, al menos, era mejor de lo esperado. Una sopa de arroz espesa, con carne y fruta. Después de meses resignada a líquidos insípidos, eso era un lujo. Aun así, apenas terminaba de recordar algo parecido a un sabor, ya quería estar lejos.

  Ambos comieron rápido y escaparon.

  Maribel soltó un suspiro.—Qué locura. Se supone que los castillos deberían ser pacíficos…

  ?Ese lugar no califica como castillo.?

  Aether rascó sus orejas.—?Viviste en un castillo antes?

  —No. —respondió sin compromiso— Solo me baso en historias.

  —Mi mamá decía que los castillos eran ruidosos. Que todos escuchaban todo.

  Maribel lo miró un segundo. ?No está mintiendo… ?Qué me estoy perdiendo??

  —?Tu madre trabajó en uno? ?O conocía a alguien que vivía allí?

  —Nunca me dijo cómo lo sabía.

  Maribel respiró hondo, como si eso eliminara un peso imaginario.—Bueno. Esperemos aquí. Ese comedor es un laberinto.

  —?Laberinto?

  El ni?o mostró interés. Maribel respondió con una sonrisa que no notó que había formado, explicándole cómo había visto los pasillos, el eco, las mesas mal distribuidas.

  Por unos segundos sintió algo extra?o: tranquilidad. Como si el vacío que había consumido su alma se hubiera interrumpido por un respiro.

  ?Todo esto es una ilusión. Pero si lo es… quizá haya un inicio nuevo para cada final.?

  El viento movió su cabello. Las hojas caían despacio. El sol filtrado entre los árboles. Por un instante pudo tocar el mundo y creer que seguía viva.

  ?Los dioses existen. Si muero, mi alma queda. No hay paraíso, pero tampoco dejo de existir. Solo el sufrimiento… ese sí parece universal.?

  Aether levantó la cabeza.—Ya vienen. Terminaron de comer.

  —?Puedes oírlos?

  —Sí.

  Ella asintió, recostándose contra un árbol.

  Esa tarde necesitaba encontrar al líder de la organización. No quería que expulsaran al ni?o. No porque le importara realmente su futuro… sino porque él era la única pieza estable en su identidad actual. Perderlo sería volver a caer en el vacío.

  Y el sistema no hablaba lo suficiente como para reemplazarlo.

  Aether frunció el ce?o.—Elena y Richard… están hablando de ti.

  Maribel arqueó una ceja, sin drama.—?Qué dicen?

  —Algo de tres obediencias y cuatro virtudes… y que estás maldita.

  Ella se inclinó, tomó al ni?o por los hombros y le tapó los oídos con suavidad deliberada.—No me mido con sus ideas, así que no me afectan. Y tú tampoco tienes por qué hacerlo.

  —Pero... —intentó decir él.

  —No estás maldito. Yo tampoco. —Su sonrisa fue mínima pero firme— Pregúntale a quien llamas “padre”.

  Los ojos del ni?o titilaron.—Dijo que estamos venditos.

  Maribel soltó una exhalación satisfecha.—?Ves? Te lo dije.

  Cuando el grupo apareció, la recepción fue fría. Sofía ni siquiera miró a Maribel. Elena, la miró con desagrado. Richard solo asintió brevemente.

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  Amara bufó, indignada.—Qué falta de respeto… Si no respetan la fuerza, es su problema. Tú les tuviste piedad.

  Maribel ladeó la cabeza.—No los voy a golpear porque no les agrado.

  Amara la observó como si esa lógica fuera alienígena.—Yo sí lo haría. Si no cortas un árbol antes de que arda, quemará la monta?a.

  —No quiero pelear con todos los que frunzan el ce?o al verme.

  —La piedad y la honestidad son privilegios de los fuertes. —Amara declaró con seguridad juvenil.

  Maribel la miró con un dejo de ironía.—Suena como si llegar a la cima te obligara a actuar de forma imponente. No como quieres… sino como debes. Irónico. ?Para qué subir tan alto si sigues atada a todos?

  Amara se congeló. Su mente procesó por largos segundos.—Eso… es contradictorio. Muy irónico.

  —Lo es. —Maribel suspiró— Bueno, necesito que me ayudes a contactar a los examinadores.

  Amara aún distraída, asintió.—S… sí.

  [Tu influencia ha cambiado el futuro previsto.]

  Maribel parpadeó.

  ?Entonces… el sistema ve el futuro. Eso fue muy fácil.?

  [Cambiar el destino es casi imposible. El cambio fue peque?o.]

  ?Entonces eso significa que no cambié el curso general de la historia prevista.?

  [La anfitriona lo entiende.]

  Ella entrecerró los ojos, fastidiada.

  ?Entonces no me digas que cambié el futuro si las cosas seguirán igual... no, espera ?Qué cambié del futuro de Amara??

  [Si afectara su destino, se te informaría.]

  ?Bien…?

  Llegaron al castillo. Otro. Maribel y Aether hicieron la misma mueca.

  —No se preocupen —rio Amara—. Este es menos bullicioso.

  Maribel entró… y la sangre se le congeló.

  Era igual de sofocante. Solo que el silencio era mortal. Lo cual lo hacía peor. Se habían desplazado de un extremo al otro, pero el suplicio era el mismo.

  ?Mi cueva era mejor… quizá por eso los cultivadores importantes usan mansiones y cuevas propias.?

  Media hora caminando. Pasillos. Puertas. Pasillos. Hasta llegar a un salón enorme.

  ?No… otra vez.?

  Las miradas cayeron sobre ella como pu?ales amortiguados por la distancia.

  Cuando por fin los llamaron, lo hicieron mediante un susurro, el cual recorrió la fila entera. Entraron a una habitación apartada. Las bisagras chillaron. Aether se estremeció. Maribel sintió un tic nervioso en la sien.

  El sonido rebota de tal forma, que nadie se atrevía a hablar si no es en susurros.

  —Bien. ?Qué petición? —preguntó el anciano, mirando el rayo de luz en la ventana.

  Amara habló primero, impaciente, pero en voz baja.—Le dijeron a Maribel que si demostraba que el ni?o puede cultivar, Aether sería aceptado como miembro permanente.

  El anciano giró solo la cabeza.—No me hagan perder el tiempo.

  Maribel empujó suavemente a Aether al frente.—Revíselo usted mismo.

  El qi del ni?o se expandió claro como el agua de un manantial.

  El anciano palideció.—Santa… esclarecida del espejo… —su voz tembló— ?Refinamiento de Qi… etapa seis? ?Quién… quién es este ni?o?

  Las manos del hombre temblaron. Gotas silenciosas rodaron por su rostro arrugado.

  —Esto… es esperanza. Verdadera esperanza…

  La reacción lo sorprendió incluso más que el descubrimiento.

  —Olviden a los examinadores. El líder de la secta debe ver a este ni?o. Si nos dices qué método utiliza, te daremos privilegios por el resto de tu vida mortal.

  Maribel respiró lento.—De hecho, quería ver al líder desde el principio. Pero prefería hacerlo con mis examinadores como intermediarios.

  El anciano enderezó la espalda.—No esperemos más. Escribiré la carta. En una semana podrás verlo.

  Maribel bajó los ojos.

  ?Una semana… puedo soportarlo.?

  Aether la miró, esperando algún gesto.

  Ella solo puso una mano sobre su cabeza por un instante.

  No era calidez.

  Era estabilidad.

  Pero el ni?o sonrió como si fuera lo mismo.

  Maribel levantó la mano, llamando.

  —Antes...

  —Por supuesto —Agregó Amara rápidamente interrumpiendo a Maribel— Aunque nos gustaría mantener en secreto la identidad de mi amiga. De hecho incluso si piensas que es mortal, no lo es.

  El anciano se detuvo un momento a pensar.

  —?Puedo? —preguntó el anciano de secta extendiendo una mano a Maribel.

  Ella entregó la mano.

  Una expresión de asombro se formó en los ojos del anciano.

  —Cuatro... no, casi cinco meses... y aún así llegaste a este nivel con tal mara?a de canales... ?Cuánto qi!

  Una reverencia nunca antes descubierta nació en él.

  —Con tal talento... hubiera sido mejor si te enfocabas en cultivarte y ascender al nivel más alto... ?Quién te hiso tal... monstruosidad? tus lastimeros canales...

  El anciano parecía querer llorar de impotencia. Maribel quitó su mano.

  —No te preocupes por eso, yo misma acepté este método y tengo mis razones.

  —Tsk... que enga?en a una hija del cielo de esa manera... los demonios están muy descontrolados —el hombre suspiró tembloroso—. De cualquier manera, el ni?o ya es una buena se?al. Si luego destruimos tu cultivo, aún podrías iniciar de nuevo.

  El anciano pareció esperanzado.

  Maribel sintió que la sangre se le escurría de la cara.

  ?Es como si alguien me dijera que me romperá los huesos en pedacitos y los armará de nuevo.?

  Amara entrecerró los ojos.

  —Mi amiga tiene un trasfondo, te lo recuerdo. No se deje llevar por la emoción. —Amara apuntó al lobezno —él tiene el mismo método de cultivo que mi amiga.

  Los ojos del anciano casi se salen.

  Afuera del castillo el aire era libre, la sensación era reconfortante.

  Suspiro.

  —Gracias por acompa?arnos, no esperaba que la experiencia fuera tan... detestable.

  Amara rio entre dientes.

  —Esto es una fortaleza después de todo, solo el patio externo es desechable. Acá adentro, solo la zona de meditación es pacífica.

  Maribel miró al sol que se ocultaba sobre los picos de las monta?as, esperaba volver antes de que la noche caiga.

  —Supongo que así es la vida... ahora solo me queda esperar una semana, con suerte llega antes.

  Amara parecía preocupada. Maribel la miró.

  —?Crees que algo saldrá mal?

  —Si. —respondió Amara.

  —?Qué podría salir mal?... ?El líder de secta ignorando tal mensaje?

  —En parte, pero es mi menor preocupación. Me preocupa el ni?o que tienes —Amara los miró —. Debes pasarte al patio interno lo antes posible, en el patio externo están la mayoría de las personas que deberían ser comunes: simpatizantes del Rey. Si se descubren que el ni?o en verdad cultiva, entonces solo verán a los semihumanos con mayor hostilidad.

  —Pero... Aether no podrá subir por su cuenta.

  —Ays... sobre eso, hay una manera, pero solo como último opción: hacer que Aether sea tu sirviente personal.

  Maribel levantó una ceja, considerándolo. Luego negó.

  —Ve a dormir Amara. Debes estar cansada.

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