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Capítulo 16 : Los Meses de Hierro (Avance exclusivo)

  Selene se detuvo un segundo antes de cruzar el umbral del gran comedor. Era un salón inmenso, presidido por mesas alargadas que encarnaban la esencia pura de Dragonhal: una mezcla hipnótica de lo antiguo y lo vanguardista. Las superficies, de cristal transparente, estaban meticulosamente asignadas a cada estudiante.

  El ritual era siempre el mismo. Al llegar a su sitio, cada alumno tocaba la superficie de cristal y, de inmediato, ésta cobraba vida como una pantalla táctil. En ella se desplegaba el menú del día, calculado al milímetro: calorías, ingesta de nutrientes y suplementos asignados según el percentil biométrico de cada uno. Una vez revisado el panel, los alumnos se dirigían a los estantes donde sus bandejas, ya preparadas de forma automatizada, los esperaban. Coger y volver. Eficiencia pura.

  Una vez sentados de nuevo, la frialdad de la tecnología ofrecía su cara más amable. Las pantallas en el cristal permitían cualquier distracción: desde deslizar el dedo por TikTok o Instagram, hasta ver una serie o perderse en un vídeo de YouTube . Para los que preferían la calma, la pantalla podía transformarse en una relajante cascada de agua cristalina.

  Al entrar de lleno en el salón, el aroma a comida recién preparada la envolvió. Había una armonía extra?a, casi irreal. Mientras caminaba hacia su sitio, Selene no pudo evitar fijarse en los pesados candelabros de bronce que colgaban del techo. Sus llamas bailaban suavemente, proyectando sombras alargadas que se mezclaban con el brillo azulado de las pantallas táctiles en las mesas.

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  Esa mezcla de piedra gótica y luz digital siempre la dejaba sin aliento.

  Por suerte, el azar —o el sistema— había sido generoso esa vez. A su derecha, el asiento pertenecía a Iris. A su izquierda... Selene no necesitó mirar el panel para adivinar quién ocupaba ese espacio. Adrián. Una sonrisa involuntaria tiró de la comisura de sus labios.

  —Hola, chicos. Ya estoy por aquí —anunció Selene al llegar a la mesa. Su voz sonaba inusualmente animada, con una chispa de alegría que no lograba esconder tras la noticia que le había dado el Director Arkwright—. ?Cómo se ha portado el sistema con los menús hoy? ?Tenemos McDonald’s o qué? —bromeó soltando una carcajada.

  Adrián la miró de arriba abajo, arqueando una ceja con una media sonrisa.

  —Estaría bien un Big Mac, pero no lo esperes aquí, Selene. Mira la “delicia” que me han adjudicado a mí esta noche —dijo él, se?alando su pantalla con una mueca de asco fingido. El panel mostraba un puré de patatas pálido con champi?ones asados y, de postre, un solitario kiwi—. Espero que tú tengas más suerte que yo, porque esto parece comida de hospital del siglo XIX.

  —No seas exagerado, Adrián. Tiene buena pinta, seguro que el puré está increíble — gui?o ella antes de tocar su propia pantalla táctil.

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