Seguridad y Orden Público y Privado (SOPP), un lugar lleno de misterios y conocimiento, ahora se llenaba con la presencia de los dos grupos anteriormente separados.
Bob caminaba con una tablet en mano, escaneando cada rincón del lugar. El edificio era más grande de lo que habían imaginado: cinco pisos de concreto reforzado, conexiones eléctricas, y cámaras de vigilancia que no parecían del presente.
—Tenemos cuatro salas para interrogar, cinco habitaciones grandes que podemos usar como dormitorios, y dos plantas subterráneas que están reforzadas con energía de cuarzo. —Bob hablaba mientras se?alaba un plano holográfico que Dave proyectaba con su cristal de energía.
Michael se apoyaba en una barandilla oxidada, mirando cómo Kael revisaba las celdas del subnivel.
—?Y si atrapamos a alguien? ?Qué haremos con él?
—Interrogarlo, examinar su cristal, sacarle todo lo posible. —Sarah contestó sin titubear desde una consola.
—?Y si no coopera?
—Entonces se queda. Por mucho tiempo. —dijo Karen, cruzada de brazos junto a Maenut.
Mientras tanto, Maenut recorría los pasillos silencioso. El lugar no era un hogar, pero se sentía… seguro. Necesario. Allí podían trabajar sin ser observados, entrenar, vigilar. Pero de forma inesperada.
Alguien.
Se acercaba con tranquilidad pero se notaba cierta seriedad y disciplina en su andar.
—Hola, Maenut Johnson. Me llamo Vosk.
Maenut con desconfianza asintió.
—Supongo que eres tú quien hizo que nos trajeran aquí ?No es así?
Vosk solitaria una peque?a risa. —En parte no, pero sí. Están aquí gracias a mi. Y no te preocupes por los demás, ya me presente con ellos.
Maenut no podía evitar sentir desconfianza hacia él, pero sabía que ahora mismo necesitaban la mayor ayuda posible.
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En otra parte del mundo, dentro de un edificio donde el lujo contrastaba con una oscuridad impuesta, un ascensor llegó al último piso. Las puertas se abrieron y Larssen y Wrooxie caminaron por un pasillo completamente negro. Al fondo, una puerta se abrió sola.
El interior era una sala gigantesca. En su centro, sentado en una silla que parecía más un altar que un trono, el Jefe los esperaba. Su figura envuelta en sombras, sólo su voz retumbaba, grave y densa.
—Fracasaron.
Larssen dio un paso adelante, nervioso.
—Mi plan con Sinclair… era para…
—Silencio. —interrumpió el Jefe, sin levantar la voz—. Sinclair está muerto. Y ahora se han unido a algo más grande. Se llaman Seguridad y Orden Público y Privado. ?Saben qué significa eso? Coordinación. Recursos. Poder. Y sobre todo... tiempo.
Wrooxie bajó la mirada.
—Fallamos. Pero podemos remediarlo.
—Eso espero. Porque si no… —el Jefe hizo una pausa, su cuerpo brillando sutilmente con un tono azulado— …no tendré otra opción que eliminarlos yo mismo.
El silencio llenó la sala.
—Pondremos a prueba sus capacidades. Wrooxie… lanza tus cuchillas. Todas.
Wrooxie dudó. Larssen lo miró con duda.
—Ahora.
Wrooxie, obediente, extrajo de sus mangas una decena de cuchillas mentales, flotando con energía psíquica. Y, sin más, las lanzó directamente al Jefe.
El sonido de los filos atravesando la carne fue real. Se incrustaron en su pecho, brazos y cuello.
Wrooxie parpadeó. Larssen abrió los ojos como platos.
Pero antes de que pudieran respirar…
El Jefe extendió su mano.
Un susurro temporal atravesó la sala. Las cuchillas retrocedieron en el aire, regresando lentamente a sus posiciones iniciales. El Jefe volvió a estar intacto. Como si nada hubiera pasado.
Y esta vez, las cuchillas no lo tocaron.
—?Ven? —dijo con frialdad—. Cada intento fallido… es una lección. Para mí, el tiempo no es un obstáculo. Es una herramienta.
Larssen apretó los dientes. Wrooxie tragó saliva.
El Jefe se puso de pie. Su silueta apenas se dejaba ver entre el resplandor azulado que lo envolvía.
—?Quieren saber cómo obtuve este cristal?
No esperó respuesta.
Hace a?os…
Un campo devastado. Cuerpos de Quarziths caídos, ceniza en el aire. Entre ellos, uno brillaba con fuerza: un Quarzith del Tiempo, agonizante, aferrado a su cristal como último recurso.
Un grupo de encapuchados lo rodeaba.
—Dáselo —decía uno de ellos—. él lo necesita.
—?No! ?Este cristal… no es para…!
Pero una cuchilla cortó su garganta. El cristal rodó por el suelo hasta unas manos enguantadas. Manos que ahora pertenecían al Jefe.
Una figura encapuchada se acercó a él.
—No eres compatible —dijo con tono temeroso.
—Lo seré —respondió el joven Jefe—. O moriré intentándolo.
Los siguientes a?os fueron entrenamiento. Dolor. Sangre. El cristal se fundió a su pecho como un parásito. Le destruyó órganos. Lo quemó por dentro. Lo reconstruyó.
Hasta que, finalmente… el tiempo se rindió ante él.
De regreso al presente, el Jefe exhaló lentamente.
—No tienen idea de lo que puede hacerse con este poder. No es sólo detener, rebobinar o acelerar… es reescribir.
Larssen agachó la cabeza.
—?Qué desea que hagamos?
—Vigilen ese edificio. Identifiquen debilidades. No actúen aún. Si vuelven a fallar… les haré repetir ese momento hasta que se arrepientan de haber nacido.
Y con un gesto, el tiempo en la sala se congeló por un instante. Solo el Jefe se movía. Caminó entre ellos, observándolos como piezas defectuosas en un tablero de ajedrez.
Y entonces, el tiempo se reanudó.
La reunión había terminado.

