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Capítulo 6: Calma

  (Desde la perspectiva de Manahu)

  Han pasado 2 semanas desde el "a?o nuevo", el equivalente en su mundo al "Día de la Creación". Ese día Titla tuvo otra peque?a recaída; no fue tan intensa como en Navidad. Parece ser que en su mundo tienen varias festividades durante estas fechas, lo cual sería increíble si estuviera con su familia. Por fortuna, los tetloch son muy efectivos para subirle el ánimo, sobre todo Munchi. Ahora Titla se encuentra mejor y parece que ha vuelto a su "yo" usual... Por cierto... ?esos malditos animales...!

  —M: ?TITLA! Los malditos tetloch se volvieron a meter a la huerta. Te dije que si volvía a pasar los devolvería al bosque.

  Uno a uno los hacía levitar para sacarlos de la huerta y luego ver los destrozos hechos. Naturalmente, los más afectados eran los chiles.

  —T: Lo siento, se debieron haber salido mientras me ba?aba.

  Dijo corriendo mientras los atrapaba y volvía a meterlos a la casa.

  —M: Estoy harto de esos malditos animales. Muerden todo, destrozan la huerta y sus mierdas están por todas partes. ?Sabía que era un error quedárnoslos!

  —T: Tranquilo, no te enojes con ellos. De todos modos, yo soy quien recoge sus popos y siempre puedes curar las plantas con magia, ?no?

  —M: Sí y no. ?Recuerdas cuando atacaron las Bestias del Silencio? Funciona diferente en plantas y animales. No sé por qué, pero curarlas solo recuperará un poco de tallo y hojas; no hará que las partes arrancadas o los frutos vuelvan a crecer, a menos que las tengas y las cures uniéndolas.

  —T: Bueno, cierto, pero... no puedes culparlos. Es su naturaleza y no comprenden lo que hacen.

  Volteé a ver a Munchi. Estaba en las manos de Titla mientras aún mascaba una de las plantas arrancadas. Se la arranqué de la boca y procedí a curar las plantas. Titla acercó a Munchi a su oreja como si le dijera algo.

  —T: Munchi dice que lo siente.

  —M: Hasta donde sé, los tetloch no hablan.

  —T: Bueno, pero si pudiera hablar diría que lo siente.

  —M: Lo dudo mucho.

  Afortunadamente, su peque?o tama?o venía acompa?ado de peque?a destrucción. Aun así me sorprende que da?aran el huerto casi tanto como las Bestias del Silencio.

  Luego de curar las plantas, Titla y yo usamos magia de fuego para derretir el exceso de nieve en el techo de la caba?a y en el suelo alrededor. No sé si sea por estar viendo cómo Titla la ha estado entrenando estas últimas semanas, pero me he sentido menos incómodo al usarla. Oh, y desde que se lo regalé, no suelta su bastón; a veces incluso duerme con él...

  —M: Veo que te agradó mi regalo.

  —T: Bueno... es lo primero en este mundo que es mío.

  Una ligera sonrisa se formó en su rostro.

  —M: Si Munchi escucha eso se pondrá celoso.

  —T: Hasta donde sé, los tetloch no entienden palabras.

  Espera... ?acaba de ser sarcástica?

  —M: Ja, puede que no, pero seguramente entienden las emociones.

  —T: No importa. De todos modos, los vas a devolver al bosque.

  Su voz sonaba más irritada que triste en realidad.

  —M: Puede que no a todos.

  —T: ?Uh?

  —M: Te dejaré escoger uno para quedarte. Supongo que ya sé a cuál elegirás, pero todos los desastres que cause serán tu culpa y será tu responsabilidad cuidarlo. ?Entendido?

  Sus ojos brillaron de alegría.

  —T: Sí, sí, entendido. Te aseguro que seré la más responsable. Ya verás. Gracias.

  —M: Y si no lo eres, me lo comeré.

  —T: ?Nooooo!

  —M: Tranquila, solo es una broma... o no.

  —T: Cállate.

  Y aunque a ella no pareció haberle causado mucha gracia, yo me reí ligeramente ante su actitud. Ahora que lo pienso, probablemente he reído más estas semanas que en los últimos 5 a?os desde que dejé la capital. Aunque no es realmente difícil; tampoco es que sea alguien muy... alegre.

  —M: Por cierto... ?no te incomoda usar la ropa con la que llegaste? Quiero decir... es un constante recuerdo de tu mundo.

  Titla vestía botas negras, medias grises largas, una larga falda gris oscuro, camisa de manga larga blanca y un abrigo negro. Hacía contraste con su cabello plateado y su piel morena clara.

  El puchero que estaba haciendo desapareció ante mi pregunta y se quedó pensativa por unos segundos.

  —T: Bueno... es cierto que a veces al verla me siento triste, pero... no siempre recordar es doloroso, ?sabes? También me hace sentir alegría y nostalgia. Además me da esperanza y tengo pocas cosas de mi mundo, así que no quiero deshacerme de ellas.

  —M: Hmm... no siempre recordar duele, ?eh?

  Murmuré mientras veía la túnica en mi cuerpo y su bastón en la mano de Titla... Ojalá pudiera estar de acuerdo con esas palabras.

  —T: Además no me siento cómoda usando las ropas de hombre y se siente muy... rústica.

  —M: Bueno... disculpa por no tener ropa con la misma calidad que la de tu mundo.

  —T: Disculpado.

  Luego de quitar la nieve, continuamos con el entrenamiento de magia de espacio. Resulta que... ?también es capaz de usarla! Recuerdo que la primera vez que logró mover una peque?a rama me quedé boquiabierto. Para este punto no me parecería sorprendente si también pudiera usar oscuridad.

  —M: Eres fuerte, ?sabes?

  —T: Sí, ya lo sé. No te cansas de decirme lo impresionante y rara que es mi habilidad mágica.

  —M: No me refiero a esa clase de fuerza.

  —T: ?Entonces?

  —M: De estar en tu situación... no todas las personas podrían seguir adelante, sobre todo alguien joven. Separarte de tu familia, llegar sola a otro mundo, sin saber si podrás volver... eso destrozaría a muchos.

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  El silencio se hizo presente por unos segundos. Oh no... supongo que no debí haberle recordado su situación.

  —T: Bueno... tampoco ha sido fácil.

  —M: Lo sé, pero en general no pierdes la esperanza. Te he visto sonreír, jugar con los tetloch, hablar sobre tu mundo y tener interés por este. Se necesita fuerza para lograr eso.

  —T: Supongo que tienes razón. Gracias.

  —M: Como sea, continuemos con el entrenamiento.

  —T: Hmm... se dice "de nada", grosero.

  En la noche continuaba mi lectura, buscando alguna forma de devolver a Titla a su mundo... nada.

  Solo tenía 4 libros. Uno era sobre maná y magia elemental; no había nada ni remotamente cercano. Otro, una recopilación de cuentos para ni?os; ni siquiera me molesté en leerlo. Otro, la historia del imperio Atloxokli; se mencionaban algunos contratados, pero nada aparentemente útil. Y el más prometedor, un libro sobre magia de espacio, pero no mencionaba nada acerca de otros mundos y era tan viejo que ni siquiera hacía mención del héroe Arnulf. Cerré la última página del libro frustrado.

  —M: Ugh... supongo que tendremos que ir a la capital después de todo.

  Volteé a ver a Titla. Se encontraba mirando hacia su aparato tecnológico con una expresión no muy amena.

  —M: ?Qué ocurrió?

  —T: Murió.

  —M: ?Qué? ?Quién?

  No me digas... ?uno de los tetloch murió? ?Acaso fue Munchi? No es posible; apenas se recuperó. No quiero otra noche de llanto.

  —T: Mi laptop.

  Confundido, volteé hacia ella.

  —M: Pensé que dijiste que esas cosas no tienen vida.

  —T: No la tienen. No me refiero a una muerte literal; lo que quise decir es que su energía se agotó. Al menos rescaté todo lo importante.

  —M: ?Y no puedes volver a llenarla?

  —T: No. Recuerdo que hicimos un experimento con papas en la secundaria, pero olvidé cómo se hacía y apenas podían prender un foco LED. Está bien; de todos modos ya me había hecho a la idea.

  —M: ?Y... qué pasó con eso de tener "cientos de bibliotecas"? ?No hay algún libro que te explique cómo hacerlo? ?O alguno que diga cómo volver a tu mundo? Los míos no están ayudando demasiado.

  —T: No tengo muchos en realidad y ninguno de ellos explica la electricidad a nivel técnico o cómo hacer viajes interdimensionales. Como te dije, tampoco podemos hacer eso y, aunque pudiéramos, sería imposible hacerlo sola.

  —M: Pensé que en tu mundo era fácil tener libros.

  —T: Bueno, sí, pero en realidad pocas personas guardan muchos. Con el internet y la IA no es muy necesario; por lo general usamos las computadoras y celulares para trabajar o entretenimiento.

  "LED", "IA", "internet"... ?Qué carajos son todas esas palabras?

  —M: No veo cómo esas cosas pueden ser entretenidas.

  —T: Videojuegos, redes sociales... te lo explicaré luego.

  —M: Lo que sea. Me estoy quedando sin ideas aquí. Volveré a leer los libros por si se me pasó algo, pero no creo encontrar nada... suspiro... Supongo que eventualmente tendremos que ir a la capital para buscar más información.

  Titla se quedó viéndome confundida.

  —M: ?Qué?

  —T: ?Por qué siempre pareces estar tan en contra de ir a la capital?

  Genial, una pregunta difícil de responder.

  —M: No... no me gusta. Hay demasiada gente, es demasiado ruidoso y todo se mueve muy rápido. Me gusta más la calma del bosque.

  —T: Hmm... O sea que eres un "nini" ermita?o e introvertido.

  —M: ?Qué cosa?

  —T: Nada, pero... si te gusta más lo tranquilo... ?por qué no vivir en un pueblo? ?Por qué aislarte solo en este bosque? Sobre todo por las Bestias del Silencio; me parece demasiado peligroso.

  Pude sentir un golpe en el pecho. ?Podrías dejar de hacer preguntas tan difíciles?

  —M: Tengo mis razones.

  —T: Oh... bien.

  La conversación terminó y, mientras mi conciencia caía en el sue?o, pensé en sus preguntas y me hice una a mí mismo... ?Por qué estoy aquí? Al no poder encontrar una respuesta decidí ignorar mis pensamientos y me dejé envolver en la inconsciencia.

  Luego de otra semana la práctica mágica continuó. Titla ha alcanzado el nivel bajo en todas las magias elementales y básico en luz y espacio. A esta velocidad probablemente pueda usar magia avanzada y combinada en 2 a?os. ?Será porque es de otro mundo? ?O acaso es una contratada? Me pregunto... ?qué tan lejos podrá llegar?

  —M: Oye, Titla.

  —T: ?Sí?

  —M: ?Quieres intentar algo?

  —T: ...Uh... ?qué tienes en mente?

  Desenvainé mi macuahuitl.

  —M: Igual que con tu bastón, vas a infundir maná en el macuahuitl. Solo asegúrate de convertir el maná a tipo agua antes de hacerlo, luego lanzarás el hechizo. Quiero ver qué tanto control tienes.

  —T: ?Convertir el maná?

  —M: Sí. ?Has sentido la diferencia entre usar maná y usar magia? Como el maná "cambia" antes de lanzar hechizos.

  —T: Hmmm, creo que sí.

  —M: Bueno, ESO es la conversión de maná. Tu cuerpo transforma el maná puro en el maná adecuado para el tipo de magia. El macuahuitl necesita que infundas maná de agua.

  —T: No entiendo. ?Qué ambos no funcionan como catalizadores?

  —M: Supongo que será más fácil si te lo muestro. Observa: si intento infundir maná puro... nada. Si infundo maná de fuego... tampoco. Pero si le infundo maná de agua...

  Los cristales de cuarzo azul comenzaron a iluminarse y, luego de un corte en el aire, liberó una cuchilla de agua.

  —M: Ahora ve la diferencia de tama?o sin el.

  Usando la misma cantidad de maná conjuré otra cuchilla con mi mano. Tenía un tama?o notablemente menor.

  —M: Se puede usar magia de agua en general con ella. Es más efectivo que usar tu cuerpo y aún más si usas el hechizo inscrito, pero la distancia de conjuración es mucho menor que el cuerpo o que una herramienta orgánica.

  —T: Entiendo. Entonces es algo así como una herramienta de superespecialización... ?y qué hay de los bastones?

  —M: Préstame tu bastón un momento... A diferencia de las herramientas minerales, las orgánicas pueden convertir el maná crudo por ti. Por eso pudiste usar [Fireball] antes de poderlo hacer por ti misma. Pero si lo haces de esa forma...

  Conjuré una esfera de fuego en mi mano y otra con el bastón usando maná puro. La esfera del bastón era menor que la de mi mano.

  —T: Hmmm, no es tan poderoso.

  —M: Exacto. Pero si lo conviertes ANTES de infundirlo al bastón...

  En un instante la esfera de fuego de mi bastón se volvió más grande que la de mi mano.

  —M: Su efectividad es menor que lo mineral, pero sigue siendo más efectivo que el cuerpo si conviertes el maná antes.

  Titla se llevó una mano a la barbilla analizando todo.

  —T: Ohh... y supongo que no es necesario que el maná sea del mismo tipo que el bastón. Por eso he podido usar viento y agua con él.

  Vaya, esta ni?a ciertamente tiene una buena intuición para este tipo de cosas.

  —M: Así es. Aunque no será tan efectivo, pero seguirá siéndolo más que el cuerpo. Aun así, entre más grande la herramienta, mayor el tiempo de conjuración. No hay nada como el cuerpo o una varita cuando de velocidad se trata. Puede no parecer mucho, pero en ocasiones es mejor algo veloz que algo potente.

  Titla se quedó pensativa unos momentos ante mi explicación.

  —T: ?Y el cristal de mi bastón? ?No se supone que es mineral?

  —M: Cualquier herramienta puede ser orgánica o mineral, pero ese cristal no es mineral. Es "baba" endurecida que libera una especie de lagarto de fuego.

  —T: Ew... Bueno, volviendo a la espada: ?estás seguro que puedo usarla? ?No se supone que el hechizo de esa cosa es de nivel alto?

  —M: Macuahuitl.

  —T: Eh?

  —M: No es una espada, es un macuahuitl.

  —T: Sí eso... fue lo que dije.

  —M: ...Como sea. Yo también infundiré mi maná. No te preocupes, te ayudaré a guiar el corte. Solo concéntrate en hacer el hechizo.

  —T: Está bien, hagámoslo.

  Tras esto estábamos empu?ándolo apuntando hacia mi barrera.

  —M: Bien, ahora infundamos el maná y luego intenta lanzar [Aqua Slash].

  Titla entrecerró los ojos, lo sujetó con firmeza y tras unos momentos...

  —T: [Aqua Slash].

  Una peque?a cuchilla de agua no más grande que un cubierto impactó contra la barrera.

  —T: Mira, lo logré.

  —M: Bien, así se hace. Ahora continúa, trata de hacerla más grande esta vez.

  —T: Claro, [Aqua Slash].

  —M: Muy bien, más grande.

  Titla lanzaba corte tras corte emocionada por ver cómo crecía la cuchilla poco a poco hasta llegar a medio metro de largo. Yo también estaba emocionado e impresionado por ver su habilidad.

  —T: No creo que pueda hacerlo más grande que esto.

  —M: Está bien, no te preocupes. Lo hiciste muy bien. Ahora, suficiente de ti... Aléjate unos pasos y ponte detrás mío. Te mostraré lo que un mago de agua avanzado es capaz de hacer. Prepárate para ver una gran cuchilla de agua.

  Dije bromeando, dramatizando mi tono y movimientos. Titla se rio por mi pésima actuación de tratar de parecer genial antes de colocarse lo más atrás que pudo.

  —T: Está bien, muéstrame lo que puedes hacer. Vamos.

  —M: Por supuesto. [Aqua Slaa... aaaah!]

  Mientras daba unos pasos hacia atrás para tener más terreno... pude sentir cómo tropecé con algo y la cuchilla de agua salió disparada sin control. Paré mi caída con magia de espacio y al ver hacia abajo estaba la causa del tropiezo... un tetloch, el cual salió corriendo. ?ESOS MALDITOS ANIMALES...! No, espera, no es momento de prestar atención a eso.

  —M: ?Titla, estás bien?

  Volteé hacia atrás preocupado de que le pudiera pasar algo. Por fortuna estaba ilesa, simplemente mirando hacia el frente. Emití un suspiro de alivio.

  —M: Qué bueno. Por un momento pensé que te pudo haber pasado algo. En serio, ?voy a averiguar cuál de esos malditos fue y lo cocinaré al carbón!

  Apreté mi pu?o con fuerza imaginándome al tetloch en la comida de ma?ana.

  —T: Uh... Manahu.

  —M: ??QUé!?

  Ella se limitó a apuntar hacia el frente. La miré confundido, pero tras unos momentos pude escuchar un crujido. Lentamente seguí su dedo con la mirada y lo vi... la caba?a... estaba partida en 2... El macuahuitl cayó de mis manos y me quedé parado.

  —T: Es... está bien. Nadie salió herido y aún podemos reparar...

  Y como si esta reaccionara a sus palabras, el techo se desplomó, destrozando el resto de la caba?a y el huerto mientras los tetloch salían corriendo para evitar ser aplastados por las maderas, seguidos por una nube de tierra y polvo...

  —T: ...Oh...

  Me llevé la mano al rostro... respiré hondo... El único al que puedo culpar es a mí mismo.

  Nota mental: nunca volver a alardear.

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