—??: Hija... se te olvidó despedirte.
Me llevé la mano al pecho. Mi respiración estaba agitada, mi corazón latía con fuerza y lágrimas amenazaban con escapar de mis ojos... Otra vez esa maldita pesadilla y, una vez más, despertaba de ella para darme cuenta de que no estaba en mi mundo.
—M: La próxima vez que te quedes dormida afuera, despertarás afuera.
Su voz era fría. A decir verdad, me estaba empezando a cansar un poco su actitud tan malhumorada y justo ahora no estaba en mi mejor momento.
—T: Buenos días para ti también... ?tienes que ser tan gru?ón todo el tiempo?
—M: Solo cuando llega gente sin invitación a mi casa, destruye mi puerta, mi huerto, roba mi cama y se come mi comida sin pagar.
—T: No es como que lo haya hecho a propósito y tú fuiste el que decidió darme de comer y tu cama. Yo nunca te lo pedí.
Mi voz comenzó a quebrarse mientras un par de lágrimas rodaban por mis mejillas. Al percatarse, los ojos de Manahu se abrieron.
—M: Lo... lo siento. No fue mi intención, yo solo...
—T: Además, yo no pedí estar aquí, ?recuerdas? Perdón si soy una molestia. Tampoco me gustaría que alguien llegara a mi casa a alterar mi paz, pero ?sabes lo que significa para mí estar aquí? ?Sabes lo que es perder tu familia, tus amigos, tu vida, tu mundo... TODO? Si tanto te molesta, ?por qué simplemente no me dejaste morir en el bosque, eh?
Las lágrimas nublaban mi visión mientras luchaba inútilmente por contenerlas. él murmuró algo que no logré escuchar. El silencio reinó por unos segundos hasta que Manahu lo rompió.
—M: El desayuno está en la mesa... estaré afuera.
Tras esas palabras se retiró. Tardé unos minutos en recomponerme y, tras sentir mi estómago rugiendo, me levanté para desayunar. El sabor de la comida se mezclaba con la sal de las lágrimas secas en mis labios... Poco después salí a buscar a Manahu.
—T: Perdón por gritarte. Está bien, si no me quieres aquí me iré. Solo te pido ayuda para...
—M: No, no te disculpes. Tienes razón: esto debe ser demasiado duro para ti. Realmente no había pensado en ello. Lo siento. Es solo que... supongo que tanto tiempo solo me hizo olvidar cómo interactuar con la gente. No hay necesidad de que te vayas y... tampoco estás obligada a compensarme por nada. Puedes quedarte el tiempo que quieras.
Su voz era extra?amente calmada y... ?triste? Estaba evitando mi mirada, pero podía jurar que vi que sus ojos estaban casi tan enrojecidos como los míos. ?Había estado llorando?
—T: No estás obligado a...
—M: No, lo digo en serio. Puedes quedarte el tiempo que quieras.
—T: ...Gracias.
El resto del día transcurrió en una calma incómoda. Evitábamos mirarnos y hablábamos lo menos posible. Por su parte, Manahu parecía perdido en sus pensamientos... Terminamos de arreglar el campo, reparamos la puerta, quemamos los residuos sanitarios... Al llegar la tarde salimos a caminar al bosque en búsqueda de suministros, protegidos por una barrera para evitar ser escuchados por las Bestias del Silencio. En el camino, Manahu iba esparciendo semillas de chile por el suelo.
—T: ?Para qué las semillas?
—M: Si pones semillas en el suelo, crecen plantas.
—T: No soy tonta, claro que sé eso. Te sorprendería los conocimientos y tecnología de agricultura que tenemos en mi mundo. Me refiero a para qué quieres que crezcan plantas de chile aquí.
—M: Para los tetloch.
—T: ?Tetloch? Oh, los animales de carne picante.
—M: Exacto. Obtienen su picor de los chiles que consumen. Eso los salva de la mayoría de depredadores, pero para su mala suerte solo los hace más atractivos para mí.
—T: Ya veo... En mi mundo hay animales que hacen algo parecido, pero si los comieras morirías en lugar de enchilarte.
Me recordó a las mariposas monarca y el algodoncillo o las ranas dardo y las hormigas. Supongo que sin importar qué tan venenoso seas, siempre habrá algo que lo use a su favor, lo resista o que incluso lo disfrute.
—T: ?Por qué no haces una granja?
—M: Lo pensé en su momento, pero son demasiado destructivos y cavan agujeros por todas partes, por lo que son difíciles de contener.
—T: ?Por qué no usas una barrera para contenerlos?
—M: Nah, está bien. No pienso desgastarme solo por eso. De todos modos, mantener la barrera requiere concentración, así que se escaparían mientras duermo. Además, me gusta venir al bosque a cazarlos.
—T: Espera, entonces ?estamos desprotegidos cuando duermes?
—M: Tranquila. Al inicio tuve varios problemas y estuve a punto de morir algunas veces, pero mi sue?o se volvió más ligero y siempre hacen demasiado escándalo cuando encuentran algo. Así que es muy poco probable que nos tomen por sorpresa.
El "muy poco probable" no me tranquilizó del todo, pero si Manahu seguía vivo, supongo que podía confiar... Ahora que lo pienso: ?cuánto tiempo ha vivido aquí? Aún estaba un poco incómoda por nuestra interacción de la ma?ana, así que decidí no ahondar en ello.
Seguimos caminando por el bosque recolectando hongos y algunas extra?as larvas hasta que finalmente encontramos el objetivo principal: un grupo de tetloch. Y eran... simplemente ADORABLES. Parecían una especie de hámster gigante muy peludo y esponjoso, con orejas de conejo aunque un poco más cortas. Probablemente lo único poco adorable era su larga cola lampi?a similar a una rata. Gracias a la barrera no habían escuchado que estábamos cerca de ellos.
—M: Son muy bonitos. ?De verdad te gustan tanto? ?No puedes simplemente volverte herbívoro? ?O encontrar otro tipo de carne?
—T: No hay mucha carne comestible por aquí y no, gracias. No viviré a base de plantas. No te mentiré: me da un poco de lástima matarlos, pero se me pasa rápido una vez que recuerdo el sabor de la carne. Bueno... es hora de la caza.
Acto seguido su cuerpo se iluminó, bajó la barrera y una ventisca gélida salió de su varita. No congeló a los tetloch, pero pareció haber reducido su movimiento. Luego, con una velocidad increible, se lanzó hacia ellos y uno a uno comenzó a meterlos en un saco. Algunos de ellos rascaban el suelo con sus patas traseras para lanzar rocas a gran velocidad, probablemente impulsadas con magia, pero las rocas se desviaban o perdían velocidad antes de llegar a él. Tras capturar unos cuantos dejó escapar al resto y volvimos hacia la caba?a mientras los tetloch retorcían violentamente en el saco.
—T: ?No sería mejor matarlos ahora? Me parece un poco cruel que estén asustados dentro del saco.
—M: No tengo la precisión necesaria para matarlos rápida e indoloramente en el acto. Así que primero los capturo, los dejo solos en la habitación vacía un par de días hasta que se calmen y luego les corto la cabeza uno a uno.
—T: Eso... se escucha demasiado cruel. Pareciera como si les das falsa esperanza.
—M: Si los mato ahora mientras aún están asustados, su carne sabrá peor. Además, uso cuchillas de agua para decapitarlos con un solo corte: rápido y más efectivo que usar un cuchillo.
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—T: Aun así... me sigue pareciendo algo cruel.
—M: ?Acaso en tu mundo no matan animales para comer?
—T: Bueno, sí, pero...
Era cierto. Si bien existía carne cultivada en laboratorio, las granjas seguían existiendo y ciertamente no todas mataban a los animales de la manera más agradable, aunque no creo que en realidad exista una manera "agradable" de morir o matar. Al volver, Manahu liberó a los tetloch en el cuarto vacío junto con algunas plantas y chiles para que comieran.
Los siguientes días fueron más tranquilos. Las pesadillas continuaban de vez en cuando, pero eran algo... soportable. Manahu parecía comportarse más amable y comprensivo desde nuestra discusión, aunque aún era algo irritable. De vez en cuando tenía otro ataque de ansiedad, pero las técnicas de relajación que Manahu me ense?aba me ayudaban a sobrellevarlo. Nuestro día se iba en comer, cocinar, atender la huerta, practicar magia, hablar sobre nuestros mundos...
Poco a poco, mientras el shock y la emoción inicial se diluían, me puse a pensar en el hecho de que... estaba viviendo con un extra?o. Un hombre... sola. Una onda de miedo e incomodidad recorrió mi cuerpo ante la posibilidad de cierta idea.
—T: Oye...
—M: ?Sí?
Pausó la lectura del libro en sus manos para voltear a mirarme.
—T: Tú no... vas a... tú no tratarías de hacerme algo, ?verdad?
—M: Uh... no sé a qué te refieres.
—T: Me refiero a... que si tú... ?no vas a tratar de aprovecharte de mí, verdad? Quiero decir... me das techo, me alimentas, me proteges y yo... no tengo nada para devolverte. Por lo que solo quiero saber si no vas a tratar de hacer que "pague" por ello, porque si ese es el caso... creo que sería mejor si me ayudas a ir a la capital para buscar otro lugar donde quedarme.
Se quedó pensativo unos segundos y de un momento a otro su rostro se ruborizó ligeramente y se desfiguró en una mezcla de vergüenza, sorpresa y horror.
—M: ?Qué? Claro que... NO. ?Qué... qué carajos? ?A qué viene eso de repente? ?Acaso dije o hice algo que hiciera pensar que tengo esas intenciones?
—T: N... no, no en absoluto. Al contrario, no has hecho nada que me haga sentir incómoda en ese sentido. Es solo que, bueno...
—M: ?Acaso tú... quieres que tú y yo...?
—T: ?QUé? ?NO! ?EW! Claro que no, por... ?Por qué... por qué siquiera pensarías eso?
—M: Tú fuiste la que comenzó con el tema. Si no he hecho nada que te incomode, ?entonces por qué pensarías tú eso de mí?
—T: Bueno, eres básicamente un extra?o. Estamos solos en medio del bosque y claramente eres más fuerte que yo. No me malinterpretes, pero tengo miedo de que, si quisieras intentar algo, no tenga cómo escapar ni defenderme.
suspiro Manahu se tocó la sien tratando de conservar la calma.
—M: Ya te lo dije el otro día: no estás obligada a compensarme por nada. Puedes quedarte el tiempo que quieras, pero si te sientes incómoda puedo llevarte a la capital para que busques otro lugar. No tienes por qué quedarte aquí si no quieres.
—T: Sí, lo sé, pero... aun así... no puedo dejar de pensar que puede que intentes algo mientras estoy dormida.
—M: Escucha, si quisiera hacerte algo, ?no te parece que ya lo habría hecho? Además, no habría necesidad de esperar a que duermas. Como dijiste, no creo que tuvieras forma de defenderte o huir, estés dormida o no.
—T: Eso... no es tranquilizante en absoluto, ?sabes?
—M: No quise decir que... lo que quise decir fue... ugh.
Se llevó las manos a la cabeza, probablemente frustrado por la situación y su torpeza social... pero tras unos segundos comenzó a reír lentamente de manera contenida, hasta que no pudo contenerse más y comenzó a reír de manera abierta y descontrolada. Era extra?o: creo que era la primera vez que lo veía reír a carcajadas.
—T: OYE, deja de reírte. Esto es serio.
—M: Lo... lo siento jajaja, pero... no puedo jajaja.
—T: ?Ey!
Mi tono era irritado, pero no pude evitar que su risa me contagiara. Ya antes de darme cuenta ambos nos encontrábamos riendo descontroladamente. Pasó un rato hasta que nuestras risas se calmaron y Manahu fue el primero en hablar.
—M: Ahhh... Está bien, entiendo lo que quieres decir. Tranquila, puedes despreocuparte. Te prometo que nunca intentaré nada como eso. Y si alguna vez te hago sentir incómoda, dímelo. Suficiente tienes con el hecho de haber sido arrancada de tu mundo como para a?adirte un trauma más.
—T: Hmm... o sea que si no fuera porque estoy lidiando con eso, ?existiría el riesgo de que intentes algo?
—M: ?QUE NO! Yo no dije eso.
—T: Entonces debes cuidar mejor cómo dices las cosas. A veces eres fácil de malinterpretar.
—M: Supongo que es algo en lo que aún tengo que trabajar.
—T: ...Gracias. Me siento un poco más tranquila ahora.
Un silencio incómodo —como otros que ya habíamos tenido— llenó la habitación. El tiempo pasaba mientras cada uno estaba en sus actividades: yo me encontraba en mi laptop y Manahu continuaba en su lectura.
—M: Y bueno... ?qué se supone que haces con esa cosa?
—T: Estoy pasando fotos, videos y toda la información importante a mi celular.
—M: Hmmm... creo que no estoy entendiendo.
—T: Ni siquiera estoy segura de poder explicarte cómo funcionan, pero en resumen, digamos que estas herramientas pueden contener bibliotecas enteras de información y decenas de miles de fotos —uh, las "pinturas". El problema es que, sin una fuente de energía para recargarla, mi laptop está destinada a dejar de funcionar. Así que estoy rescatando todo lo que pueda.
—M: Pero... ?no va a pasar lo mismo con tu celular?
—T: Bueno, sí. Algún día su energía también se agotará, pero su batería es nuclear, así que todavía vivirá muchos a?os más. Con suerte regresaré a mi mundo antes de que eso pase.
—M: ?Nu...clear?
—T: Hmm... ?cómo lo explico?...
Comencé a darle una peque?a clase de física. Entre dolores de cabeza por recordar todos los videos y libros de ciencia y tratar de explicárselo a alguien que ni siquiera conocía el concepto de átomo, los minutos pasaron.
—T: Y bueno... más o menos así es como funciona.
—M: No creo haber entendido nada.
—T: suspiro Está bien. Ni siquiera yo entiendo del todo cómo es que funciona.
—M: Como sea, lo que más me sorprende es... ?en serio estas peque?as cosas son capaces de contener tanto conocimiento? ?Cómo rayos meten tantos libros dentro?
—T: No es... como "meterlos". No es algo físico, es digital, verás...
Manahu colocó su mano delante de mi rostro interrumpiéndome.
—M: Mejor olvídalo. Creo que ya fue suficiente de tecnología de otro mundo por hoy. El hecho de que pueda curar mi dolor de cabeza no quiere decir que sea cómodo sentirlo.
Luego Manahu volteó a ver la laptop y la miró con extrema curiosidad. Acercó su mano temerosa como si tocarla lo fuera a electrocutar hasta que eventualmente tocó la pantalla.
—M: Y estos símbolos de aquí... ?son tu idioma?
—T: Sí, es... espa?ol. ?No... no puedes leerlo?
—M: Por supuesto que no. ?Por qué habría de ser capaz de leer el idioma de otro mundo?
—T: Bueno, sí... eso tiene sentido. Pero entonces... ?cómo es que nos hemos estado comunicando hasta ahora si vengo de un mundo diferente?
—M: ...
—T: ...
Y como si algo se desenchufara, Manahu y yo nos quedamos quietos por unos segundos, golpeados por una pregunta que —a pesar de ser algo tan obvio— realmente no nos habíamos hecho hasta ahora. Ante esto Manahu acercó el libro que estaba leyendo y me lo entregó.
—M: Tú... ?puedes entender algo de esto?
—T: No, en realidad. Jamás había visto estas... ?letras?
Y nuevamente ambos nos quedamos pensando en silencio. ?Quizás el idioma se habla igual pero se escribe diferente? Aunque eso no tiene mucho sentido... ?Y cuál es la posibilidad de que prácticamente no hayamos tenido problemas en entendernos hasta ahora? Incluso entre países que hablan un mismo idioma es natural que a veces ciertos regionalismos no sean entendidos.
—T: #Can you understand me?#
—M: ?Uh... qué dijiste?... ?ken... iu?
El inglés no funciona tampoco... ?En verdad hablamos espa?ol pero lo escribimos diferente? Volteé a mi laptop: en ella estaba una noticia de hace 9 a?os que había usado como tema de debate en mi clase de sociología y leí su título.
—T: #Líder del mundo del cartel muere asesinado por su hijo de 15 a?os#
—M: No estoy entendiendo una palabra de lo que estás diciendo.
—T: ?Qué? Espera, ?qué hay de ti? Intenta leer en voz alta el libro.
—M: #...sin embargo tanto el héroe como la reina demonio desaparecieron luego de su batalla, se cree...#
—T: Suficiente, eso lo entendí. Pero entonces ?por qué no entendiste lo que dije cuando lo leí directamente, pero yo a ti sí?
—M: ?Oye, una cosa a la vez bien? Como dije, no quiero más dolores de cabeza. Dejemos este misterio para otro día.
—T: Supongo que tienes razón. También me está regresando el dolor de cabeza. Por cierto, cambiando de tema: he notado que has estado leyendo demasiado... ?es algo que ya acostumbrabas o...?
—M: No. Luego de nuestra discusión del otro día me quedé pensando en lo que dijiste. Fui demasiado insensible. Así que decidí buscar alguna forma de que vuelvas a tu mundo y me puse a buscar entre los libros que tenía.
Mis ojos se iluminaron llenos de esperanza y una sonrisa se formó en mi rostro.
—T: ?En serio? ?Encontraste una manera? Por favor dime que hallaste una.
—M: Wow, tranquila, no. Más allá de una rara distorsión en un bosque, realmente no he encontrado nada parecido a viaje entre mundos. Así que seguimos igual que al inicio.
—T: Oh, entiendo. De todos modos... gracias.
—M: No te desanimes. Como te dije, no lo sé todo y no es como que estos sean los únicos libros en el mundo. Si no encuentro respuestas iremos a la capital a buscarlas y, si no las encontramos allí, iremos a otros imperios de ser necesario. Yo...
Su voz vaciló por un momento antes de continuar.
—M: Yo te prometo: incluso si parece imposible —o si lo es—, incluso si me toma décadas, te ayudaré a buscar la manera de volver a tu mundo. Puedes estar segura de ello.
Sus palabras... me dieron un extra?o alivio y reavivaron mi esperanza, pero al mismo tiempo estaba confundida. Miré a sus ojos dorados: estaban llenos de convicción. No parecía que mintiera.
—T: ?De... de verdad? Pero... ?por qué... por qué harías eso?
—M: Escucha... sí, no sé cómo es el ser arrancada de tu mundo, tampoco sé el dolor que debes estar sintiendo, pero... créeme cuando te digo que... puedo hacerme una buena idea... Mis palabras no son una promesa vacía. Te lo digo en serio: te ayudaré a volver a tu mundo, Titla.
—T: Y... yo... yo... gracias. En verdad, gracias.
Las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos, pero por primera vez desde que llegué no eran lágrimas de tristeza o miedo: eran de esperanza... Y como si mi cuerpo se moviera por sí solo, lo abracé fuertemente. Lloré, lloré desconsoladamente y, con algo de vacilación, Manahu pasó una mano sobre mi cabeza... Y así otro día en este mundo que no era el mío llegó a su fin.

