Hay muchos mundos: mágicos e inmortales, grises y tristes, algunos deslumbrantes y lúcidos
coronados de torres blancas como la perla y picos de diamante que brillan sin fin.
Otros se sumergen en la oscuridad total, siniestros e inmóviles, mundos muertos y agotados hace mucho tiempo.
Y otros, sin embargo, laten con verdes pastos y desiertos dorados, rebosantes de vida y ruido.
Pero Khuarhya es diferente a todos ellos.
Es un mundo que resuena con voces, resonando a través del tejido de innumerables posibilidades
uno entre los muchos anillos de Sefthe, lleno de reliquias olvidadas, tecnología, cielo, infierno y naturaleza salvaje.
Khuarhya resplandece, forjando incesantemente nuevas historias.
Entre sus muchas maravillas se encuentra un lugar especial llamado Thar-Abbys
la Ciudad del Abismo, hogar del Gremio de Aventureros, un lugar de comienzos, donde estudiantes de escuelas lejanas son enviados a poner a prueba su fuerza y ??su propósito.
Esta es solo una de las muchas historias que se han desarrollado en este mundo.
Aunque maravillosa, Khuarhya alberga seres de inmenso poder; todos ellos han conocido el amor y la desesperación, la paz y el resentimiento.
Cada uno lleva consigo sus propios sue?os y deseos, y eso es lo que hace que este mundo sea tan peligroso.
Esta es la historia de un lugar donde lo único que se necesita para poseer un alma, para existir verdaderamente...
es voluntad y decisión.
—Aquel que anhela tienen un lugar en Khuarhya—
De Hurofalcos y Coles
—?GWAAAAAAA!— se escuchó un grito ahogado entre incontables pelotas esponjosas. Un chico de entre 18 y 20 a?os, vestido con un viejo uniforme militar, delgado y de tez pálida como hueso con marcadas articulaciones, cabello corto y ojos negros ensombrecidos por ojeras, yacía sepultado en un mar de plumas y colas a mitad del campo de siembra. Su nombre era íthil.
Mientras, en un árbol cercano a las orillas de la plantación de coles, se encontraba un jovencito de cuerpo fino, ojos color miel y pelo brillante y claro, de no más de un metro cuarenta. Vestía un chaleco a cuadros de lana y un corbatín rojo de seda fina, que dejaba ver su procedencia de familia adinerada. Colgaba inconsciente de sus ropas en una rama alta; Jacob Mahogani era su nombre.
Al fondo, una chica de cabello rubio y cuerpo musculoso, de casi un metro noventa de altura, con el nombre de Mina Reebs, se encontraba enterrada hasta la cara en coles. Portaba con facilidad una armadura ligera con un cinturón que llevaba viales con pociones curativas.
Todo esto pasaba después del primer encuentro entre los aventureros y una horda maligna de unas peque?as criaturas mitad halconcillo y mitad hurón. Estas soltaban risas burlonas, algunas movían la cabeza arriba y abajo amenazadoramente, mientras otras emitían un incesante y agudo "kek, kek, kek, kek...". Los Hurofalcos, como los granjeros los llamaban, abrumaban cien a uno.
—?SUFICIENTE! —gritó Mina. Energías rojizas la envolvieron, generando una peque?a explosión donde se encontraba. Su cuerpo musculoso creció y transmutó en escamas y colmillos; sus manos crecían como cimitarras frontales para finalmente dejar ver un dragón: un Torrenta Ataradon, caracterizado por ser explosivo en carácter e increíblemente fuerte.
Cientos de coles fueron lanzadas por los aires, mientras un grupo de granjeros boquiabiertos contabilizaba las pérdidas causadas por los Hurofalcos y los aventureros, que ya rebasaban su presupuesto inicial.
—?Espera, Mina, espera! —gritaba íthil, mientras veía cómo su compa?era, en furia, perseguía a los Hurofalcos por el huerto, arrojando carros, toneles y herramientas por igual. Los Hurofalcos solo reían mientras huían sin ser alcanzados. Mientras que Jacob recobró el conocimiento al sentir el suave golpeteo de coles de dos o más kilos arrojadas sobre su cuerpo. Mina destruía todo a su paso sin detenerse.
Al ver que una de sus víctimas oponía resistencia, se juntaron en una parvada sólida y arremetieron con todo en un ataque sin precedentes, visto en esa batalla que los granjeros recordarían como el día que fueron a la quiebra.
Chocando en un aparatoso accidente de garras, escamas y plumas, los Hurofalcos volaron por el aire de manera casi artística, derrotados y con su formación rota, se reagruparon y escaparon al bosque cercano, mofándose de los aventureros e incitándolos a perseguir a su casi derrotado enemigo.
Jacob, ya en tierra, le extendió la mano a íthil, el cual solo refunfu?ó. Levantándose por sí mismo, se?aló con un ligero movimiento de su mano:
—?Demando venganza! —dijo íthil mientras apuntaba al bosque.
Los aldeanos, al ver a los aventureros prepararse para ir al bosque, vitorearon al unísono, ya sea por la inminente derrota de los Hurofalcos invasores o tal vez solo se alegraron por los tres despistados que dejaban el huerto al fin.
Con el sol poniéndose a sus espaldas, los aventureros se adentraron valientes y sin miedo al bosque. Cubierto de nieve y frío, dejaba ver un paraje blanco con escasas hojas y bancos de arbustos salpicando aquí y allá, creando sombras y escondrijos de donde en cualquier momento los aventureros podrían ser atacados nuevamente por sus peque?os adversarios. Después de unos minutos de caminata, pudieron sentir el revolotear de la parvada no muy lejos.
—?Por aquí! Veo nieve removida en este sendero —dijo íthil. El frío del atardecer ya se sentía; nubes de vapor salían de sus bocas mientras discutían entre ellos. Los tres aventureros sabían que debían ser rápidos para no ser atrapados por la noche y la helada. Se prepararon para el encuentro.
—Recuerden, aún falta ver dónde están los animales de granja faltantes. No creo que los Hurofalcos se los hayan comido —rio Jacob, siguiéndoles el paso. La nieve dejaba oír su característico crujido en cada pisada.
—?Solo nos tomaron por sorpresa! Ahora no dudaré en atacarlos con todo, peque?os avechuchos —Mina dijo mientras cerraba el pu?o con enojo. Cientos de Hurofalcos se reunían curiosos en las ramas. Lentamente, lo que parecía follaje en los árboles distantes tomó alas y se movilizó, rodeando a los aventureros. Los ruidos de alas y graznidos combinados con chasquidos comenzaron a intimidarlos; ya no sonaban como los burlones animales que enfrentaron en la granja. Todos sintieron un peligro real y diferente viniendo de ellos.
—?No recuerdo que fueran tantos! —Nervioso, Jacob se armó con un disco metálico plateado, con un mango central y adornado con líneas inclinadas parecidas a un cúter, como si estuviera segmentado. Este era un chakram que él mismo había fabricado y modificado.
—Saben, creo que en el bosque tienen ventaja y con sus números puede que nos ganen —íthil rio un poco mientras todos estaban espalda con espalda.
—?Eso es pensar un poco negativo, no crees, íthil? —preguntó Mina.
—Negativo nunca, tal vez realista o un poco fatalista —íthil dijo triunfante a pesar de la situación. Mina y Jacob voltearon y lanzaron una mirada de sospecha y duda a íthil.
Los tres aventureros trataban de identificar los números reales de la parvada, mientras un sonido raro y perturbador retumbaba en el fondo: un gorgoteo muy diferente al hecho por los Hurofalcos comenzó a resaltar. A su alrededor se juntaron interesados varios Hurofalcos que con sus peque?os ojos penetrantes miraban curiosos a los guerreros. Estos rápidamente perdían los ánimos de lucha al ver tal cantidad de peque?os rapaces.
Justo cuando todo parecía ir de mal en peor y los aventureros decidieron arrojarse con lágrimas en los ojos, enfrentando su derrota, la atención de los Hurofalcos se vio dirigida a un par de objetos redondos y amarillos que destellaban en el hueco de un viejo y enorme árbol, del cual un chasquido fuerte seguido de una especie de ronroneo detuvo en su lugar a todos los combatientes. Estirando los cuellos, los Hurofalcos giraron en conjunto sus cabezas para mirar fijamente al árbol. De este, un par de brillantes ojos amarillentos los miraron de regreso. El movimiento coordinado de los Hurofalcos, más que ser lindo, causó un escalofrío en los aventureros que inmediatamente supieron que algo andaba mal.
Rugiendo, aquellos ojos se cimbraron. Los árboles crearon un oto?o de plumas y graznidos mientras los Hurofalcos se dispersaban en todas direcciones y se perdían en el bosque. Arrojando un suspiro de resignación, íthil, Jacob y Mina cargaron en dirección contraria del enemigo mientras se retiraban tácticamente a un lugar con mejor visión. El par de ojos no les perdió la pista ni un momento y los seguía incesantemente por el bosque.
—?Rápido! Debemos salir a un lugar sin árboles, aquí no debemos luchar —íthil se?aló un sendero amplio que parecía llevar a una planicie. Justo al tomar el sendero, la criatura empezó a rodearlos mientras el grupo mantenía el paso. íthil, girando repentinamente y apuntando a la derecha, usó una varita de madera blanca, con el mango recubierto de piel negra, recitando con voz firme:
—[Stella Secare]— La varita formó en la punta una esfera no más grande que una naranja, para salir despedida violentamente, creando un trayecto espiralado en la nieve del piso y golpeando algo en la oscuridad, emitiendo un chasquido rugiente de dolor. El olor de la sangre llenó el área, mientras que con un grito adolorido se alejó de ellos.
Daban ya cerca de las 9. Con frío, húmedos y asustados, el grupo se adentraba en el bosque en busca de los Hurofalcos que se habían retirado; al fin y al cabo, sin pruebas de su derrota no habría paga.
Los sonidos del bosque nocturno los engullían, mientras que el frío se agudizaba cada vez más.
—Odio las plumas y coles —íthil temblaba mientras repetía la frase como mantra. Jacob, mientras tanto, temblaba como un pudín, en cuya nariz colgaba orgullosa y congelada una larga y cristalina secreción verde. Otra historia era para Mina; ella, por su parte, luchaba frenéticamente por tratar de meterse a la boca un desafortunado Hurofalco moteado cautivo. Este temblaba, mojado por la saliva que salía de la sonrisa de Mina como un hilo brillante que fluía interminable, y en sus ojos se marcaba una espeluznante mirada.
—Ufufufufu, peque?ito, no te preocupes, solo deja que pase, todo acabará pronto y te sentirás mejor.
—Tal vez deberíamos apurarnos a salir de aquí, no creo que solo eso la llene —decía Jacob mientras se dirigía a íthil.
—En el peor de los casos, tal vez te coma a ti primero —íthil rio burlonamente mirando de reojo a Jacob.
—?EH! ?Por qué a mí? —Asustado, Jacob respondió.
—?Aguarden! —indicó Mina elevando su mano mientras amarraba al Hurofalco y forzadamente lo metía en la mochila. Ya llevaban aproximadamente dos horas desde su anterior encuentro, en donde un ser no identificado los había acechado. Afortunadamente, íthil la hirió y ahora estaban rastreándola.
Pero para el infortunio de este grupo, solo viajaban en él un guerrero, un herrero y un mago; ninguno de ellos tenía experiencia en el campo de la caza y búsqueda, así que aquel animal se estaba comportando como todo un verdadero ninja, despistando continuamente al grupo.
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—?Miren! ?Ahí! —dijo íthil. Una mancha de sangre roja y brillante emitía vapor en la invernal noche, mientras se mezclaba con la nieve y tierra.
—?Sí, la da?aste, íthil! —dijo Jacob animado, iluminando con su lámpara de aceite el área.
—Aún queda por derrotar a la criatura, Jacob, aún no festejes, podría comerte de una mordida con tu altura —Mina dijo conteniendo la risa.
—Podría comerte de una mordida… —Jacob remedó en voz baja a Mina mientras íthil se reía en silencio.
De la nada y sin generar ruido, una silueta delgada y muscular abalanzó sus garras sobre el grupo de aventureros. Jacob rodó a un lado y arrojó la lámpara de aceite sobre un viejo árbol muerto, iluminando el área. Pero entre el viento y la nieve que recién comenzó a caer, apenas podían distinguir. Lo denso del bosque le servía a la criatura bien, dejándoles poca anticipación para esquivar la trayectoria letal de las garras que los acosaban una y otra vez sin darles tiempo de pensar en algo, dejando claro el dominio del terreno de aquella cosa.
—?íthil! ?Necesitamos reducir su visión ahora! —gritó Mina.
Usando su varita nuevamente, íthil disparó más esferas, levantando las capas superficiales y suaves de la nieve recién caída, generando una tormentilla de nieve. Esto debería dar tiempo para planear algo, pero la criatura arremetió contra ellos sin ningún problema a través de la cortina de nieve fina, como si pudiera verlos perfectamente.
—?Nos puede ver! —gritó Mina, mientras esquivaba los ataques.
—?Traten de ver cómo es! ?Al menos tiene 6 metros de largo! —gritó Jacob mientras se escabullía por el suelo, apenas esquivando un ataque.
Con problemas, apenas esquivaban las indiscriminadas arremetidas, cada vez más y más exactas. Jacob, de repente, como si hubiera ideado algo, dejó de moverse mientras miraba a íthil y Mina. Estos asintieron y con un movimiento de la varita mágica de íthil volvió a disparar más esferas, creando una cortina de nieve en medio del bosque. Los aventureros desaparecieron en esta. La criatura esta vez fue tomada por sorpresa y trataba de localizarlos por algún sonido o movimiento. Sin éxito, golpeó a ciegas sus alrededores y al tercer ataque acertó al blanco.
Las garras atravesaron entre la nieve la silueta de alguien. Este emitió un grito mortal, casi como un chillido. La criatura, al sentir sus garras atravesar su objetivo, se deleitó, pero algo no estaba bien. Al confirmar su objetivo, la criatura acercó su garra y en esta solo había un pu?ado de nieve. Mirando las siluetas delante de sí, vio tres mu?ecos de nieve y en la punta del que atacó estaba el Hurofalco moteado. Este emitía un incesante grito mientras permanecía atado sobre el mu?eco. El atacante solo bufó y arrojó al Hurofalco atado sobre su hombro.
Repentinamente, la criatura sintió dos cuerdas silbando a sus lados. Estas atraparon exitosamente sus extremidades. íthil y Mina jalaron de estas fuertemente, girando hacia atrás a esta sobre su espalda y al suelo, mientras Jacob atacó por arriba, cayendo sobre el abdomen suave expuesto con su chakram en mano y asestando un golpe directo. Esta emitió un rugido fuerte y pesado.
—?Apártense, voy a iluminar mejor el área! —Jacob gritó. Con un movimiento de su mano, susurró Azurismo. En ese instante, un rayo de luz apareció sobre la criatura, iluminando al monstruo que, deslumbrado y herido, trataba ferozmente de incorporarse.
El rayo de luz dejó al descubierto la criatura y el porqué podía cazar tan bien en plena oscuridad. Frente a ellos se revolcaba un muy maltratado y famélico Strigiursa que con un giro potente del cuerpo se levantó nuevamente, pero aún conservando las cuerdas atadas a sus patas frontales.
—Bueno, ya sabemos dónde están todas las cabras y caballos faltantes del pueblo —dijo Jacob, recordando las quejas de los campesinos.
—?Cómo vamos a matar esta cosa? Nosotros veníamos a ahuyentar a los Hurofalcos, no a pelear con esto —íthil preguntó a los otros, visiblemente estresado.
—Hay que cansarlo, es lo único que podemos hacer, casémoslo como a cualquier oso —Mina dijo mientras Jacob e íthil asintieron.
—Espera… ?has cazado osos? —preguntaron íthil y Jacob. No tardó mucho para que aquel animal concentrara su atención nuevamente en ellos.
Jacob, usando su lámpara de aceite de repuesto, atrapó la atención del Strigiursa, atrayendo su furia. Galopando por eternos segundos, el imponente animal corrió tras él. Jacob, con todo su esfuerzo, lo llevó a un claro. Mientras íthil y Mina rodeaban al objetivo y ya en el centro del claro, Jacob se apresuró a crear un perímetro de aceite encendido. Al parecer, estaban en el área de alimentación del animal, con carcasas y despojos putrefactos de varios animales por todo el lugar; el olor e insectos eran insoportables.
El Strigiursa agitó sus garras delanteras, cortando el suelo frente a él y creando una lluvia de piedras y desechos. íthil agitó su varita gritando [Ferrum Secare], cortando como si fuera una espada afilada los desechos frente a él con su varita, mientras Jacob, protegido por Mina, aprovechó su posición y preparó un par especial de chakrams. Saltando por encima de ella, arrojó sus chakrams; estos se separaron al vuelo en decenas de navajas que descarnaron la cara y las plumas de los hombros, varias escamas y un ojo con una lluvia de fragmentos metálicos.
Rugiendo y medio ciego, el Strigiursa tambaleó mientras cubría su cara entre sus alas. En ese instante, Mina tomó la oportunidad, arrojándose mientras una flama roja engullía su cuerpo, convirtiéndose en un dragón con largas garras como espadas frontales y tacleando con toda su potencia al Strigiursa, atravesándole los hombros y anclándolo al piso. En ese momento, íthil susurró Movimiento óseo, creando un grupo de estacas con los restos animales de alrededor que se elevaron sobre el Strigiursa. Este inmediatamente sintió el ataque inminente de íthil.
Juntando todas sus fuerzas en una desesperada maniobra, erizó sus plumas y concentró todas sus fuerzas en sus patas traseras, dando un salto al aire. El Strigiursa y Mina se elevaron casi 3 metros en el aire, arrojando a Mina sobre íthil, para después arremeter con sus garras frontales y asestar tres golpes al pecho de Mina, que la dejaron sin aire e inmóvil por el dolor por un momento.
Los ojos de Jacob se tornaron rojos y una línea fina de energía rojiza envolvió su cuerpo; esta incrementó notablemente sus habilidades físicas, dándole por un momento una ráfaga de velocidad. Se impulsó para tomar las cuerdas, y apoyándose en un árbol cercano derribó al Strigiursa al piso de un tirón, deteniendo sus movimientos y dejándolo inmovilizado por un momento.
—Sigo preguntando qué hace esta cosa tan abajo de las monta?as y por qué es tan delgado —preguntó íthil, tratando de tomar aliento.
—Tal vez esté hambriento, pero no sé por qué no devoró todos estos animales —Jacob dijo mientras veía animales y ganado mutilado, pero no devorado.
Mina, aún transformada, despertó en ese momento y con furia atravesó un charco grande abriendo las aguas a ambos lados mientras corría. Aquella bestia, al ver esto, inexplicablemente gritó de pánico mientras corría y elevaba el vuelo en dirección opuesta. Con la cobertura de la noche, el equipo perdió de vista otra vez al Strigiursa, pero esta vez ya estaba malherida.
Por los siguientes minutos siguieron entre la nieve cortante a la criatura. El hilo suave de sangre emitía un vapor fácilmente distinguible entre esta y, alumbrados por la lámpara de aceite de Jacob, seguían aquel hilo rojo en la nieve blanca.
—Oigan, ?no les parece extra?o? Está muy delgado, estos animales deberían parecer rollos de masa —Mina dijo mientras caminaban.
—Sí, lo noté varias veces, además su comportamiento es muy errático, no nos está cazando, solo nos está atacando —dijo Jacob, alumbrando la nieve.
—Los Strigiursa son muy especializados en comer venados y animales medianos, no debería ser tan agresivo con la gente —Mina les dijo mientras llegaban a una sección inclinada del bosque.
—Y a pesar de ser tan agresivo, así como así le tuvo miedo a Mina —Jacob respondió. El grupo bajaba por un sendero.
—No tiene sentido —dijo Jacob mientras alumbraba la entrada a una caverna; el rastro los llevaba hasta ahí. íthil, por su lado, dijo en voz baja: —Luna negra de Nerak, dale a este peque?o una noche más—. Los restos de un peque?o tejón tomaron forma de entre la tierra y nieve; un fulgor verde suave llenó su cuerpo, emitiendo un suave brillo fantasmal. Aquel animalillo volteó a ver a íthil como esperando órdenes. íthil acarició su cabeza un poco y le dijo firmemente:
—Sigue el rastro, amigo, llévanos hasta allá —Ya pasaban de las 3 a.m. para este momento y el punto más frío de la noche se dejaba sentir. Los huesos dolían y el ejercicio y sudor solo los fatigaban aún más. Si esta confrontación proseguía, no durarían más y lo sabían.
—?Por qué no hicimos eso desde el principio? —preguntó indignada Mina.
—Bien, casi siempre los animales resucitados son un poco menos hábiles. En este caso, hay un buen rastro que seguir —íthil dijo, quitado de la pena.
Media hora pasó. El tejón ya estaba llegando a sus últimos momentos. íthil sentía la fatiga de su invocación como si algo de sí lo abandonara, mientras la luz opaca y esmeralda de la magia negra abandonaba el cuerpo del tejón como dejando migajas la luz. Finalmente, al cabo de unos minutos, alcanzó el descanso. Esta vez, íthil enterró propiamente al peque?o mientras recitaba sus agradecimientos.
Mina miraba fijamente el final de la cueva; ahí se encontraba una salida a un prado descongelado y delante de ella, cinco crías de Strigiursa cadavéricas y congeladas. Y al lado, junto a estas, derrotado y moribundo, estaba su objetivo. Violentos espasmos curvaban y rompían su espalda hacia atrás; un horrible y espumoso vómito cubría el pico de este mientras el ojo destruido del animal colgaba punzante y macabro.
El grupo contuvo sus entra?as; el deseo de terminar con el sufrimiento del animal los urgía a darle el golpe final. íthil levantó su varita, pero Jacob lo detuvo apresurado.
—?ESPERA, NO! —gritó Jacob, urgiendo a íthil a detenerse.
—?Qué pasa, enano? ?No ves cómo está? ?Se acabó! —dijo íthil.
—Tal vez, pero míralo, no es normal. Nuestros ataques no lo derrotaron, algo lo está destruyendo...
Tan pronto dijo eso Jacob, Mina tacleó a íthil, apartándolo del camino. La bestia ciceante y torcida se arrojaba torpemente tratando de asesinarlos, mientras un sonoro gorgoteo húmedo y constante que emitía del animal inquietaba a los aventureros. El miedo los comenzaba a asediar. La criatura se alzó amenazante y, en sus dos patas traseras, fácilmente llegaba a los 7 metros de alto. Aquella torre de músculos y garras se inmovilizó frente a ellos como esperando el desenlace.
—Entonces, ?qué hacemos? —íthil preguntó.
—No lo mutilemos, vamos a quemarlo. Tengo sospechas de algo malo con este animal —dijo Jacob mientras íthil y Mina se miraron.
—Muy bien, ok —dijeron mientras le lanzaban sus últimos frascos con aceite.
Jacob arrojó su lámpara. El Strigiursa se incendió con el aceite como un montón de hojas secas. Erguida y amenazante, la criatura los observaba fijamente sin moverse ni gritar, mientras era consumida lentamente, como resignada. En el último momento, sus cuencas vacías se dirigieron a los restos de sus crías, observándolos con ojos que ya no estaban ahí. Jacob dijo en voz baja: –[Tallwor]– mientras todos presenciaban cómo aquella criatura se consumía. El espectáculo fue algo impactante que los dejó sin dormir varios días.

