LOS HIJOS DE LA TORRE
Prologo
Hace doscientos a?os, la Torre surgió desde las profundidades de la tierra, colosal e inexpugnable, y cambió el mundo para siempre. Desde entonces, todas las razas luchan por comprenderla, dominarla o simplemente sobrevivir bajo su sombra. Humanos, elfos, orcos y criaturas salvajes conviven en un mundo de poder y rivalidad, donde cada región refleja las cicatrices de viejas guerras y alianzas temporales.
En este mundo, Todos los a?os se celebra un festival dentro de la torre, al cumplir diez a?os, los ni?os del reino son llevados a la Gran Torre para el Despertar: un ritual que revela su Chispa, su afinidad de Aura y Maná, el tipo de magia y potencia que pueden dominar. Algunos obtienen un don extraordinario: fuego, agua, gravedad, sangre, sombras o incluso magia única. Otros quedan sin habilidad alguna, condenados a depender solo de su ingenio y fuerza física.
El Aura es la fuerza vital del cuerpo, maleable y adaptable: puede proteger, potenciar ataques o incluso drenar energía de los enemigos. Cada usuario desarrolla su estilo único, desde la fuerza bruta hasta técnicas que confunden, absorben o manipulan su entorno. El Maná, en cambio, es la energía mágica pura, que permite lanzar hechizos a distancia, invocaciones y efectos extraordinarios, pero requiere entrenamiento y concentración para no perder el control.
Los gremios marcan el ritmo del mundo: los grandes ejercen influencia política y militar, los medianos buscan oportunidades y prestigio, y los peque?os, como el Gremio Chispazo, sobreviven gracias a su adaptabilidad y creatividad. Cada gremio representa un microcosmos de reglas, poder y secretos.
En un mundo donde la fuerza bruta y la magia por sí sola no bastan, solo quienes descubren su potencial, desafían sus límites y comprenden la verdad detrás de la Torre pueden aspirar a la verdadera grandeza. Y, a veces, el primer paso no es despertar un poder… sino sobrevivir un día más.
Capitulo 1 - Un extra?o despertar
El viento azotaba los árboles con fuerza, arrastrando hojas secas por el camino polvoriento. En el carruaje que avanzaba lentamente, dos figuras se acurrucaban una junto a la otra, sus miradas fijas en el horizonte. Aquel transporte no era más que un medio rutinario para trasladar huérfanos de un pueblo a otro, hacia un orfanato o un asentamiento seguro. Nadie esperaba que aquel día se convirtiera en el comienzo de su verdadero desafío.
Ares, el mayor de los dos, ajustó la manta alrededor de su hombro y vigiló el bosque que se extendía a los lados. Tenía trece a?os, pero la vida ya le había ense?ado a desconfiar de todo: del mundo, de los adultos y, sobre todo, de los caminos solitarios. A su lado, Sylas, más callado pero igual de alerta, miraba el carruaje con ojos que absorbían cada detalle. Ninguno de los dos había tenido la oportunidad de ir a la Torre y, por lo tanto, de adquirir habilidades, ni ventana de estado; ni siquiera sabían a qué elementos eran afines, o si tendrían maná o aura. Sus padres habían muerto cuando tenían nueve a?os y, sin recursos, su futuro había quedado en manos de extra?os.
—?Tienes idea de adónde vamos? —preguntó Sylas, algo apenado.
Ares, notando la preocupación de su hermano menor, respondió:
—Escuché que nos dirigimos a Forzalia, el pueblo orco conocido por su gran capacidad de combate. El carruaje debe pasar por allí antes de llegar a Aetherial, supongo que por comercio. Pero no te preocupes: en unos días llegaremos al pueblo y, en unas semanas, a la capital.
—Espero que allí todo sea más fácil —dijo Sylas mientras exhalaba.
—Suenas muy preocupado para haber derrotado a un no despertado de dieciocho a?os hace solo unas horas —bromeó Ares, riendo—. De verdad creí que era mi fin.
Sylas se rió y le dijo:
—Tienes que dejar de meterte en problemas; yo no estaré siempre contigo.
Ares le respondió:
—Pero sí lo estas, siempre has estado. Y juntos podemos contra todo y todos, no te preocupes. Aunque la capital sea dura, hay muchas más oportunidades; no será tan difícil como Ribelterra, y si nos mantenemos juntos, podremos sobrevivir, como hasta ahora.
Sylas se tranquilizó un poco y, con una sonrisa, le dijo a Ares:
—La próxima vez voy a dejar que te pateen el trasero, así ya no buscas peleas innecesarias.
Ares se enojó y elevó la voz:
—?Ese idiota te chocó, te insultó y ni siquiera te pidió disculpas! Yo iba a obligarlo a que te besara los pies.
—Ajá —dijo Sylas con una sonrisa—. Así que… ?Cómo lo hiciste?
—Bueno… —empezó Ares, pero sus palabras se cortaron abruptamente cuando el carruaje frenó de golpe.
El hombre que conducía el carruaje se inclinó hacia los ni?os y susurró con urgencia:
—Agáchense… y no se atrevan a emitir una palabra.
Ares y Sylas obedecieron al instante. El silencio dentro del carruaje era tan espeso que podían oír sus propios latidos. Afuera se escuchaban voces, pero distantes, confusas… todas menos una. Sylas, incluso sin estar despertado, era un prodigio: podía distinguir pasos, respiraciones, tensiones en la voz.
—Son ocho… —murmuró apenas audible—. Y uno de ellos es un despertado.
No alcanzó a decir más. Un grito ahogado se quebró afuera; el conductor intentó pedir ayuda o advertirles algo, pero su voz se cortó de golpe. Un metalico —hierro contra carne — anunció su final.
Entonces, unos pasos pesados se acercaron al carruaje. Una voz ronca habló con total despreocupación:
—No necesitamos testigos. Registren el carruaje y llévense todo lo de valor.
Ares y Sylas se miraron desesperados, buscando algo con lo que defenderse. Pero solo había frutas, minerales y mercancías. Nada útil. Nada que pesara más que el miedo que empezaba a apretarles el pecho.
Ares miró hacia la lona que cubría la salida.
—Tenemos que correr hacia allí —se?aló con la cabeza—. Si entramos al bosque los perdemos.
—Ahora no —susurró Sylas, tensando los músculos—. Uno viene hacia acá. Va a llegar en segundos.
Ares inhaló profundo, sin perder la calma.
—?Es el despertado?
—No —respondió Sylas, sorprendido de que su hermano mayor siguiera tan sereno en esa situación.
—?Cuántos puedes detectar alrededor del carruaje y en qué dirección? —preguntó Ares, totalmente enfocado.
Sylas cerró los ojos un segundo, escuchando más allá del viento.
—El despertado está al frente del carruaje. Hay tres al este… y al oeste no hay nadie. Ese lado está limpio. Podríamos ir por allí.
Ares asintió.
—El bosque está a unos setenta metros. Con nuestra velocidad… ocho segundos, más o menos.
Luego miró a su hermano, midiendo posibilidades.
—Sylas, ?crees que puedes vencer a uno de los no despertados?
Sylas dudó un instante, pero dijo la verdad:
—Solo, no. Pero si tú me das una oportunidad de golpear… entre los dos podemos.
Ares apretó los dientes, decidido.
—Bien. En cuanto levanten la lona, noqueamos al que esté ahí y corremos al bosque. Yo salgo primero: voy a distraerlo. Tú eres más fuerte; cuando se enfoque en mí, lo golpeas. Y después… corremos. Fácil, ?no?
Sylas tragó saliva.
—Suena más fácil de lo que será.
—Sí —respondió Ares con una media sonrisa que pretendía ser tranquila.
Ambos se agacharon, tensos como resortes, esperando el momento.
Entonces la lona se levantó.
Ares se lanzó como un rayo intentando interponerse entre el bandido y su hermano, soltando un pu?etazo directo al rostro del bandido. El hombre esquivó con facilidad y lo agarró del brazo y el torso, lanzándolo fuera del carruaje como si fuera un saco de harina.
—?HAY UN NI?O! —gritó el bandido, girando mientras su mano iba a la espada que portaba en la espalda para acabar con Ares.
Pero no llegó a desenvainar.
Sylas salió disparado del carruaje como si el suelo lo expulsara. Saltó, giró el cuerpo y descargó una patada voladora en la sien del hombre. Hubo un crujido seco y el bandido cayó al instante, inconsciente.
—?CORRE, SYLAS! ?AL BOSQUE, AHORA! —gritó Ares mientras se levantaba a toda velocidad.
Y los dos ni?os echaron a correr, con el corazón desbocado, hacia la oscuridad viva del bosque.
—?PERSíGANLOS! —gritó el líder de la banda mientras los ni?os escapaban.
Tras perder a sus perseguidores y correr hasta que el sol se puso, finalmente pudieron detenerse y recuperar el aliento. Ares miró a Sylas con preocupación:
—?Estás bien?
—Sí… por el momento —respondió Sylas, respirando con dificultad.
Ares se frotó la frente y a?adió, serio:
—Escapamos de los bandidos, pero ahora mismo no tenemos comida, no tenemos cómo defendernos de los animales salvajes… ni de los monstruos del bosque. Y lo peor de todo… no tenemos idea de cómo llegar a Forzalia.
Sylas lo interrumpió con ironía, mostrando un par de dagas que había sacado de su cintura:
—?No tenemos con qué defendernos?
Ares se quedó boquiabierto:
—?De dónde sacaste eso?
—Después de derribar al bandido —dijo Sylas con una sonrisa traviesa— vi que llevaba dos dagas. Solo desabroché su cinto y me las quedé. Mientras tú gritabas como una ni?ita —a?adió, riéndose.
Ares se enojó y le respondió, elevando la voz:
—?NO CORRí COMO NI?ITA! Solo me apegué al plan.
Se calmó un poco y continuó:
—De cualquier modo… como dije, no sabemos dónde estamos ni en qué dirección está la aldea.
Sylas intervino:
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—Y el sol se está poniendo. Tenemos que apresurarnos.
—?Por supuesto que el sol se está poniendo! —dijo Ares, exaltado.
—?Qué te pasa? —preguntó Sylas, divertido.
—Forzalia está al noroeste, ?no? —respondió Ares.
—Sí —asintió Sylas.
—El sol se oculta por el oeste —continuó Ares—. Si apuntas con tu brazo derecho hacia el oeste, estarás mirando hacia el norte. Solo tenemos que movernos en medio de esas direcciones sin detenernos para llegar a Forzalia. Sylas, ?qué velocidad podemos mantener a pie firme por el bosque?
—Podemos mantener un ritmo de cinco kilómetros por hora, pero tendríamos que dormir unas ocho horas para recuperar fuerzas y poder sostenerlo. ?Por qué preguntas? —dijo Sylas, curioso.
—Un carruaje con cargamento y personas podría ir de cuatro a seis kilómetros por hora, y el hombre que lo conducía dijo que tardaría cinco días en llegar a Forzalia. Si nosotros vamos en línea recta, podríamos llegar en tres días y medio… antes de agotarnos por la falta de agua —explicó Ares.
—Vaya… —dijo Sylas, sorprendido—. Tomar las clases de supervivencia de Gino te sirvió demasiado.
—Sí —rió Ares—, pero si aparecen monstruos, la cosa es distinta. Tendremos que cazar aunque sea liebres para comer. ?Qué dices, hermano? ?Podremos lograrlo?
—Ya te lo dije —respondió Sylas con una sonrisa—. Juntos, sí.
Tras un día caminando, los ni?os tuvieron que dormir. A la ma?ana siguiente lograron cazar una liebre y cocinarla para comerla.
—Eres increíble —dijo Ares—. La liebre esquivó mi ataque, pero tú la acertaste a la primera.
—Solo porque tú la hiciste correr hacia mí —respondió Sylas, sonriendo—. Fue bueno que el bandido usara dos dagas además de la espada; de esta manera ambos tenemos un arma para defendernos. Aunque sean solo dagas, es mejor que nada.
—Sí —asintió Ares—. Ahora solo nos queda un día y medio para llegar a la aldea.
Luego de medio día caminando, los ni?os se encontraron con una meseta desierta. Sin embargo había un lago entre el bosque y la meseta del que aprovecharon para tomar un poco de agua.
—Bueno, si mis cálculos son correctos, solo nos quedan diez horas de caminata —dijo Ares—. Caminaremos de noche para evitar peligros, podemos ocultarnos si vemos humanos y los monstruos estarán durmiendo. De cualquier modo, pudimos tomar agua y comer algo.
Sylas asintió.
Cuando la noche cubrió el camino, comenzaron a avanzar. Tras varias horas de caminata, comenzaron a escuchar golpes secos, como de un metal impactando contra huesos.
Los ni?os fueron a ver con curiosidad, y era un orco,que tenia la piel negra y portaba un martillo en su cintura, Parecia que dentro de una cueva había sufrido una emboscada de goblins, ciertamente el orco no parecía tener problemas y hasta se lo veía animado mientras combatía pero los ni?os pudieron ver algo.
—Hermano mira, están yendo dos por detrás —Dijo Sylas un poco exaltado—
—Tenemos que ayudarlo —dijo Ares mientras desenvainó su daga sin perder de vista a los goblins.
Los hermanos comenzaron a correr a toda velocidad hacia los goblins y cuando estaban por atacar al orco los hermanos pudieron acercarse por ambos lados y acabar con la vida de las criaturas.
El orco ya se habia volteado y Sylas noto que ya parecia preparado para atacar sin embargo ares..
?ESTAS BIEN SE?OR ORCO? -Grito ares un poco emocionado por vencer al goblin pero tambien, genuinamente preocupado por enorme orco.
El orco rio y les dijo.
—jajaja! ?Quiénes son ustedes? son divertidos
Yo soy ares y el es mi hermano menor Sylas —Dijo ares—
(?ese es el menor? ciertamente fue mucho más rápido y preciso que su hermano)—Pensó el orco
Ya veo, Mi nombre es Grumak y Soy de la aldea Forzalia, ?Puedo preguntarles que hacen aquí? y ?en donde están sus padres?—Dijo Grumak un poco extra?ado por ver a esos dos ni?os en medio del bosque.
Ares dio un paso adelante.
—Nuestros padres fallecieron hace un tiempo, y nosotros necesitamos ayuda —Dijo con un rostro triste—. Veníamos en carruaje hacia la capital, pero nos asaltaron y tuvimos que caminar por el bosque. No queremos nada más que un lugar donde descansar.— Dijo Ares un poco nervioso
—Estabamos de camino a Forzalia cuando escuchamos tu combate contra los goblins— A?adio sylas
—Hemos vagado varios días y tenemos hambre— dijeron ambos ni?os al mismo tiempo, poniendole una expresión de gatitos tristes al Orco
Grumak parecio tener una expresión triste por un momento, pero enseguida se incorporó
——Oh… lo siento. Mala suerte— dijo Grumak un poco apenado— Bueno ustedes me ayudaron, asi que lo menos que puedo hacer es guiarlos hacia Forzalia— a?adio con una gran sonrisa.
Ambos ni?os festejaron y comenzaron a caminar con Grumak.
—y que quede claro, yo pude haber acabado con esos dos goblins— Dijo el orco
Los que provocó que los tres rieran mientras caminaban rumbo a forzalia
—Tengo muchas ganas de lavarme —dijo Ares, frotándose los brazos—. Siento la suciedad en mi cuerpo.
—Sí —respondió Sylas—. Y de comer algo que no sea medio conejo recién cazado.
—He oído que algunos orcos, a pesar de su apariencia, son muy amables —a?adió Ares con una leve sonrisa mirando hacia Grumak.
Luego de un rato caminando comenzaron a vislumbrar un pueblo a lo lejos y la emoción les llenó el pecho.
Podía verse un orco encima de la puerta, con una lanza en la mano
—GRAZ’THA! Gorvak —Dijo Grumak que parecía estar saludando.
—?GRAZ’THA! Grumak! —exclamó el guardia sorprendido—. Que haces con esos dos débiles humanos —Pregunto—
—Me dieron una mano con unos goblins así que les estoy pagando el favor. —dijo Grumak mientras le gui?aba el ojo a su compa?ero. —. Muchachos, acérquense.
Ares y Sylas se aproximaron, aún desconfiados y con el semblante triste.
—Esperen aquí un momento, veré qué puedo hacer; tengo algunos contactos— les dijo gui?ándoles un ojo.
Ambos ni?os sonrieron, esperanzados.
Al poco tiempo, Grumak regresó acompa?ado de un orco de piel roja, con Trenzas que llegaban hasta su cintura y un hacha enorme. Su sola presencia imponía respeto.
—Este es Korvash, el líder de Forzalia —dijo Grumak—. Ya hablé con él sobre su situación, y está dispuesto a dejarlos entrar… pero con una condición.
—?Una condición? —preguntaron al unísono.
—Forzalia es mi aldea —comenzó Korvash, elevando el rostro—. El padre del padre de mi padre la fundó. No puedo dejar entrar a cualquiera. Si lo hiciera sin motivo, los habitantes no tardarían ni dos días en expulsarlos.
—?Expulsarnos? ?Por qué? —preguntó Ares.
—Los habitantes de Forzalia valoran la fuerza por encima de todo —continuó Korvash—. Para ganarse nuestro respeto, deben demostrar poder. No nos importa de dónde vienen ni a dónde van, si son fuertes, los respetaremos.
—Veo que no son despertados. La razón no me importa, pero les asignaré una misión acorde a su nivel. últimamente, un grupo de tres gnolls ha estado rondando la aldea. No son una amenaza para nosotros, pero sí pueden ser una molestia para los ni?os del pueblo. Si pueden acabar con ellos, serán bienvenidos. Grumak se ofreció para darles alojamiento en su casa —explicó Korvash.
Sylas, hasta entonces callado, miró a Grumak con emoción.
—?En serio? ?Muchas gracias!
—Sin embargo, no se confíen —advirtió Grumak—. Los goblins que derrotaron estaban totalmente concentrados en mi, no se cual seria el resultado en una batalla pareja; nada es seguro por el momento.
—Yo les aseguro que los venceremos y volveremos —dijo Ares, decidido—. Esa será nuestra forma de agradecerles.
—Admiro tu entusiasmo, mocoso, pero ?tienes la fuerza para respaldarlo? —preguntó Korvash.
—Yo nunca me doy por vencido —respondió Ares con la mano en el pecho—. Sylas es más hábil en tareas físicas, pero yo… ?yo siempre lucho hasta el final!
Korvash respondió:
—Para comprobarlo, deberán traerme las seis orejas de los gnolls. Sin eso, no podrán entrar a la tribu. Dicho esto, me marcho; el líder de la tribu tiene asuntos importantes —y se dio media vuelta, gui?ándoles un ojo discretamente.
Ambos ni?os sonrieron.
—?Y con qué armas contarán para enfrentarlos? —preguntó Grumak.
—Una daga cada uno —respondió Sylas.
—Les será difícil, espérenme un momento —dijo Grumak, al cabo de unos 30 minutos volvió con dos espadas cortas, hechas a la medida para ni?os.
—?Grumak, eres genial! —exclamó Ares—. ?Las hiciste tan rápido?
—A veces me sorprende lo tonto que eres —bromeó Sylas, riéndose.
—?Grumak es Gigante! Podría hacerlo —replicó Ares, enojado.
Grumak soltó una carcajada:
—Ustedes dos me hacen reír mucho. Estas espadas estaban en mi depósito; los ni?os de la tribu prefieren hachas. Solo les hice mantenimiento para que puedan usarlas.
Cuando Sylas y Ares tomaron la espada por el mango, se sorprendieron por el balance, peso y filo de estas, todo parecia perfecto, ambos miraron con asombro a Grumak
—?Tu las hiciste? preguntó Ares
—Por supuesto! respondio Grumak — Las tengo hace un tiempo en casa, solo estaban juntando polvo, así que se las regalo, !son suyas!
Con las espadas a la espalda, los ni?os prometieron vencer a los gnolls y regresar.
Tras un día de búsqueda, encontraron a dos gnolls.
—Ahora sí, los derrotaré —dijo Ares, abalanzándose hacia ellos.
—?Acaso eres idiota? —susurró Sylas mientras sostenia de la ropa a su hermano—. Son dos. Si los vencemos ahora, no podremos traer seis orejas. Cada gnoll tiene dos orejas, ?sabes sumar?.
—Bien… ya entendí, lo siento, actué sin pensar —dijo Ares.
—Ahora debemos encontrar al tercero —concluyó Sylas.
—Si son dos, hay dos posibilidades, el tercero esta enfermo, o el tercero es más fuerte— dijo Ares preocupado.
—espero que este enfermo— Dijo sylas
—De cualquier forma tenemos que seguir a estos dos y no perderlos de vista, ocasionalmente volveran a su guarida y tendran que descansar, ahi es donde atacaremos— Dijo con un semblante heroico
Sylas a pesar de ser más fuerte que él, admiraba a su hermano por su conviccion y forma de ser. —Por supuesto— dijo sylas emocionado
Después de horas de rastreo y seguimiento. Localizaron el escondite del tercer gnoll: una cueva con una roca grande en el centro.
—Debemos idear un plan —dijo Ares—. Si atacamos a los dos más débiles mientras duermen, podremos enfrentarnos al líder con ventaja numérica.
—Estoy de acuerdo —asintió Sylas.
—Sí —asintió Ares—, de esa manera tendremos una oportunidad.
Esperaron pacientemente hasta que los gnolls se durmieron.
—?Nervioso? —preguntó Ares a Sylas, intentando ocultar sus propios nervios.
—Ni un poco —respondió Sylas—. Solo no grites como una ni?ita, hermano.
—Je —rió Ares.
Cuando se acercaron, desenvainaron sus espadas con sigilo. Los dos gnolls débiles estaban cerca de la entrada, mientras que el líder permanecía al fondo de la cueva. Sylas contó hasta tres con los dedos, y ambos atacaron al mismo tiempo.
Ares golpeó justo al costado del corazón del primer gnoll, que comenzó a , lo que despertó al gnoll líder. En ese instante, toda la habitación se iluminó con una luz roja y azul que emanaba de la roca central. La luz se condensó y una energía azul y roja ingresó al cuerpo de Sylas que ya habia asesinado a su objetivo.
—?Es la Torre! ?Me está dando poderes! —gritó emocionado.
—?Cuidado! —exclamó sylas, sorprendido.
Ares se volteo y vio que el gnoll líder ya se había incorporado y se habia lanzado contra él con la boca abierta, los dientes del gnoll se acercaban rápidamente a su cuello y él no iba a poder esquivarlo. Pero Sylas reaccionó de inmediato:
—?Dardo Etéreo! —gritó, extendiendo la palma de la mano. Una esfera de hielo salió disparada a gran velocidad, golpeando directamente el hocico del gnoll y derribándolo.
—?Ahora! —volvió a gritar Sylas.
Ares extrajo su espada del pecho del gnoll debilitado y, con un movimiento lateral, cortó el cuello del segundo objetivo. Cuando el cuerpo cayó, una luz violeta emergió de él e ingresó en Ares, otorgándole fuerza adicional. Sin entender muy bien lo que estaba sucediendo, Ares sintió que su cuerpo se volvía más ágil y potente.
El gnoll que quedaba se incorporó nuevamente. Sylas, confiado, concentró su aura en el pie y dio un paso a gran velocidad, acercándose al enemigo. El gnoll levantó el hacha y lo atacó, pero Sylas dio un segundo paso lateral, esquivando el golpe.
—?Dardo Etéreo! —gritó, impactando nuevamente en la cara del gnoll, dejándolo atontado por un segundo.
—?Tu turno Ares! —dijo Sylas. Ares se abalanzó y cortó la cabeza del gnoll líder con un solo movimiento. Una luz roja ingresó a su cuerpo, haciéndolo sentir más fuerte, aunque todavía sin comprender completamente lo que sucedía.
Pero no habían terminado: otro rugido resonó en la cueva. Cuatro gnolls más surgieron desde una abertura que no habían visto antes.
—Parece que la cosa se va a agitar un poco más —dijo Ares, preparado para la pelea.
—Perfecto —sonrió Sylas—. Vamos a por ellos.
Tras un breve pero intenso combate, ambos ni?os lograron vencer a todos los gnolls. Regresaron a la aldea con catorce orejas de gnoll, más de lo que Grumak les había pedido.
Al llegar, Gorvak los recibió.
—Llamen a Grumak —dijo Ares—. Tenemos lo que nos pidió.
Grumak apareció acompa?ado de Korvash, el líder de la aldea.
—?Qué tenemos aquí? —preguntó Korvash, observando la bolsa—. Parece que los renacuajos se encontraron con más problemas de los esperados.
—Y ya no son despertados —agregó Grumak mirándolos con orgullo.
—Lo noto —asintió Korvash—. Bueno, entren. Nunca le fallo a mi palabra. Cuéntenme lo sucedido mientras comen.
—?Sí! —exclamaron los hermanos, emocionados y exhaustos, listos para relatar su primera gran aventura
Fin capitulo 1

