Semanas de esfuerzo, suciedad y olores nauseabundos por fin dieron sus frutos. El grupo, tras una jornada agotadora, había logrado reunir los 300 Bits que creían necesarios.
—Cuídense, ni?os. El mundo de los legionarios es peligroso. Si algún día necesitan un consejo, busquen a este viejo; después de todo, soy un ex-legionario —dijo Lázlo, despidiéndolos con una mano callosa.
—No los asustes, Lázlo. Tienen potencial —lo corrigió Marta con una sonrisa alentadora.
Pista, el más joven del grupo de limpieza, se lanzó a los brazos de Máté, abrazándolo con fuerza.
—Se?or, cuando crezca me volveré un Legionario de la Constante y quiero ser su discípulo.
—Claro, ni?o. Cuando ese momento llegue, yo mismo te entrenaré —respondió Máté, despeinando al peque?o con una inusual calidez.
—Oigan, no nos vamos a otro planeta. Seguiremos viviendo en la misma aldea, así que se seguirán viendo. No es necesario tanto drama —interrumpió Eszter, destruyendo el momento sentimental con su habitual pragmatismo.
—?Por qué siempre arruinas el ambiente? —suspiró Bernát, aunque en el fondo agradecía la distracción para ocultar su propia emoción.
Caminaron hacia el gremio y llegaron a las tres de la tarde. Al entrar, notaron que el mostrador ya no estaba ocupado por el robusto y desagradable Gabor. En su lugar, una joven de expresión gélida y profesional los observaba.
—Disculpa, ?dónde está Gabor? —preguntó Bernát con cautela.
—Lo arrestaron por evasión de impuestos y malversación de fondos —respondió la recepcionista con la misma calma con la que se habla del clima.
—?Qué? —exclamaron Bernát y Máté al unísono.
—Se lo merecía esa rata gorda —sentenció Eszter sin filtros.
—En efecto, se lo merecía —coincidió la joven—. Mi nombre es Irena, sustituta oficial de Gabor. Supongo que están aquí para registrarse, ?me equivoco?
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—Queremos unirnos. Aquí está la cuota de 300 Bits —dijo Bernát, colocando las monedas con orgullo en el mostrador.
Irena los miró con una ceja alzada y una pizca de lástima.
—La entrada es gratuita. Gabor inventaba esa "cuota" para quedarse con el dinero de los novatos.
El silencio que siguió fue sepulcral. El rostro de Eszter pasó del pálido al rojo volcánico en tres segundos. Estaba a punto de soltar una sarta de improperios que habrían escandalizado hasta a un demonio, pero Máté le tapó la boca justo a tiempo.
—Entonces... nos gustaría registrarnos, por favor —dijo Bernát, con la voz temblorosa tras procesar que habían recolectado basura semanas por absolutamente nada.
Tras llenar los formularios, Irena les entregó unos collares de madera con el logo del gremio.
—Inician en el rango Insignificante. Las misiones están en el tablero a la izquierda. Solo pueden aceptar encargos de su nivel. Para subir de rango necesitan realizar "Haza?as" o demostrar un desempe?o excepcional.
Irena comenzó a desplegar un pergamino inmenso, pero Eszter la detuvo en seco.
—No más explicaciones largas, por favor. Ya tengo suficiente con estos dos.
Irena asintió y resumió con eficiencia:
—Cinco rangos: Insignificante, Variable, Frecuencia, Constante y Axioma. Los Insignificantes son básicamente civiles con licencia; los Axioma son fuerzas de la naturaleza capaces de borrar reinos. Las bestias siguen la misma escala. Las de rango Axioma son consideradas deidades, aunque no se ha visto una en siglos.
—Entendido —asintió Bernát—. Mantenerse vivos y ganar experiencia. Vamos al tablero.
Tras descartar misiones de caza de insectos (por insistencia de Eszter) y recolección de basura, optaron por la recolección de hierbas medicinales. Salieron de la aldea y se internaron en un bosque cercano, disfrutando por fin del aire puro.
—Según la descripción técnica, el espécimen es una Cyanophylla serrata —explicó Máté, analizando el pergamino con rigor científico—. Debe presentar una morfología de tres folíolos lanceolados con bordes dentados y una pigmentación azulada debido a la alta concentración de antocianinas metálicas en su savia.
—?Por qué siempre tienes que ser tan complicado? —bufó Eszter, arrebatándole la hoja—. Son tres hojas azules picudas. Punto. Vamos rápido, tengo hambre.
Lograron recolectar seis de las nueve plantas requeridas con relativa facilidad. El bosque parecía tranquilo, casi idílico.
—Qué fácil es esto —dijo Eszter, guardando otra hierba en la canasta.
—Demasiado —murmuró Bernát, releyendo la misión con preocupación—. El aviso decía que debíamos ser precavidos. Se ha reportado una bestia de rango Variable en este sector.
En ese instante, el crujir de las hojas secas rompió la calma. De entre los arbustos emergió un sonido chirriante y metálico, agudo y desagradable, como el de un tenedor raspando un vidrio con fuerza. Los tres se quedaron congelados, con los vellos de la nuca erizados.

